Hablamos ayer acerca del pasado de setiembre, indudablemente un mes «estacionalmente» favorable a la inversión en acciones en nuestro medio. En tanto es peligroso para la salud de la tendencia en lo relacionado con el Dow Jones.
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Por ahora, hasta el viernes, las evidencias demostraban lo contrario y lo que vino resultando más tembladeral fue el terreno pisado por el Merval. Indice, por otra parte, que ha visto diluirse a su gran navío insignia -la plaza de Tenaris-, que se comprimió en precios y en volumen. No justamente por motivos de la baja del petróleo, sino desde que surgió la noticia acerca de impedimentos dispuestos por los Estados Unidos. Podía haber sido tal motivo, o algún otro; lo concreto es que el listado líder debió asumir hacerle «el aguante» a la otrora acción estrella y que tantas ruedas de brillo le había brindado, ella sola, al indicador local.
Se la vio recuperarse gradualmente en volumen, días atrás, aunque persistiendo una corriente de oferta que siguió dando posiciones ante la dilatación de compradores. No está evidentemente «limpia» su plaza, donde hay posiciones de cierto fuste que prosiguen descargando órdenes en ella.
Y el resto, con muchos lunares en sus andares, sin haber surgido una o un grupo de acciones capaces de tomar la posta dejada por Tenaris y equiparar los saldos adversos dejados por la máxima integrante del ponderado. Como una pirámide que se fue achatando y dejando traslucir una debilidad que corre de Norte a Sur, en la nómina principal. O pequeños repuntes, rápidamente neutralizados por aparición vendedora. Los altos volúmenes -en relación con los otros renglones del mercado- vistos en el segmento «cauciones» imponen de lo que sucede: la falta del capital de riesgo que venga desde lo externo al recinto, siendo solamente derivado el circulante del mecanismo financiero, de avalar con títulos la toma de dinero, o la repactación del plazo.
Ya hubo que hablar del dilema desde que todo se apagó unos meses atrás, poniendo más el acento en julio, haciéndolo todavía más notorio en agosto y debiendo seguir con el mismo supuesto dibujo y perfil del escenario que se está enfrentando. Y es que si todo sigue básicamente el mismo rumbo en la tendencia, el « discurso» tiene que resultar -con ligeras variantes- también igual a lo que se venía apuntando. No es que el agente de Bolsa, el analista, el administrador de carteras, o inclusive el periodista, aburran con lo que mencionan casi a diario; es que lo que está aburrido hasta el fastidio, es el puerto de aguas muy poco profundas donde quedó amarrada nuestra Bolsa. (Siempre hay que seguir atentos, esperando por esa señal de encontrarnos una rueda con un volumen muy superior -de golpe- y, posiblemente, con bajas más profundas, pero puede indicar el cambio de fondo.)