Nos sorprendió, como simples observadores, la postura adoptada por quien emergió como la voz cantante del Coloquio de IDEA -el señor Pescarmona- a tal punto que lo creímos una variable de trascendencia para incorporar en todos los aspectos presentes, y futuros, de lo que importa para la evaluación de la tendencia bursátil. E hicimos unos «cupones» -el día del feriado- al respecto.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Afortunadamente, visto desde nuestro punto de observación y conclusiones, lo dicho no era refrendado con carácter de absoluto y oficial: sino que de inmediato se conocieron disidencias y malestares, dentro mismo del seno de la entidad, por haber mostrado una posición tan allanada a las actitudes gobernantes.
Y por fuera, porque no asistió, Mauricio Macri salió con todo a criticar esa reunión y sus dichos, ratificando aquello que tantas veces exponemos en esta columna: sobre los empresarios que se subordinan a todo, en público, y se quejan permanentemente en privado. Lo que concede todavía más atribuciones a funcionarios, para seguir delineando aquello que cada vez se remarca más: procurar un país metido en una «burbuja», con un microclima local, pero siempre sacando partido de condiciones internacionales. Impidiendo la natural relación que debe existir entre valores internos y los que se cotizan en el mercado mundial.
Un dibujo que, casi todos saben, a la larga o a la corta, termina por explotar y darle un orden a la escala de valores intervenida y distorsionada. Una a una van ampliándose las incursiones oficiales, sumamente cómodas por advertir que no existe oposición firme ni queja mancomunada.
Aunque ya la distorsión se va escapando por los costados, cuando se dan estadísticas donde la tabla de precios que no está expresamente oprimida, pone distancias mayores con aquello que se controla.
Nadie tampoco ignora que ante el año de elecciones todo se hará mucho más rígido, cueste lo que cueste a futuro, y hasta se llega a ridiculeces. Como estar prontos a dictaminar nuevamente una «emergencia económica», mientras se hacen flamear indicadores que publiciten la bonanza y el crecimiento sostenido. La «burbuja» en que vivimos, de la que se desprenden esos índices de inflación que siempre dan paño para desconfiar, hasta posee una especie de número puesto para todo 2007: se quiere convenir en niveles establecidos, tal como si se tratara de un ratio gobernable a voluntad y no como lo que es -un indicador tan móvil y sensible como casi ninguno- aunque no se muestre extrañeza frente a ello.
Venimos de una década donde otra «burbuja», con otro dibujo y componentes, terminó por estallar y arrastrar a un desastre. Nos enfrascamos en una nueva, hasta utilizando viejos y gastados instrumentos, llevando todo por delante con prepotencia: ante la anuencia de los acomodaticios.