21 de noviembre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Si esta columna se nutre básicamente de lo bursátil, entonces no puede menos que ser dedicada hoy a la memoria de un periodista desaparecido el pasado domingo. Y que desde la misma sala de periodistas de la Bolsa de Comercio tuvo la brillante idea de fundar un diario económico que está cumpliendo sus 30 años. Y era Julio Ramos, por aquel entonces en el diario «La Opinión» y firmando diariamente su nota bursátil con el seudónimo de «Papiro». Incorporando en los cuadros un detalle que hoy parece obvio, pero que no era utilizado: dar las diferencias en porcentajes, no solamente en cotizaciones. El autor de esta columna, en aquella época sólo asistente a las ruedas del «viejo recinto» -periodista vocacional- le debe a Julio Ramos la oportunidad de ser integrante de esta redacción y poder desarrollar una carrera profesional, aunando dos pasiones: Bolsa y periodismo. Y en una trayectoria que es casi del mismo tiempo que Ambito Financiero, podemos y debemos brindarle a la memoria de Julio Ramos otro reconocimiento: el que nunca nos haya censurado un comentario, a pesar de que en muchas ocasiones lo escrito aquí era opuesto a la visión que se daba en el cuerpo -y hasta en la Tapa- del diario.

Era Ramos una personalidad fuerte, difícil, que si no es la ideal para el trato personal, acaso resulte la necesaria para crear -y hacer crecer- un diario económico con la fuerza y el estilo de Ambito Financiero.  


Si bien el común de las personas lo recordará como un empresario, dueño de un diario, Julio Ramos fue más que nada un periodista, que cuando tenía algo para decir iba directo al punto, con estilo firme y muy claro y entretenido de leer, condiciones no fáciles de reunir.

Seguramente, se ha ido como íntimamente deseaba: dirigiendo «su» Ambito Financiero hasta el último momento. Al que dedicó gran parte de su vida y que fuera una de sus grandes razones para poder sobrellevar duros trances en lo personal. A nosotros, que comenzamos la aventura de este diario casi al mismo tiempo que él, también nos queda la sensación de que fue justo que no se rompiera la aleación Ramos-Ambito, a no ser por lo inevitable...

Pero, al margen de sus facetas, nos quedaremos con aquella vieja estampa de cuando era periodista bursátil, convenciendo a otros colegas de la sala, en la Bolsa de Comercio, para fundar un medio que contemplara lo que la gente estaba necesitando. Aquellos primeros grandes esfuerzos para sostener lo que, por momentos, parecía querer terminar como otra publicación fallida. Y el modo de ir eligiendo colaboradores, sin tanta exigencia de diplomas y juzgándolos en la práctica de una máquina de escribir. Si uno sabía de lo que hablaba, y lo decía bien, tenía un lugar. ¡Gracias Ramos! Prometemos cuidar «su» Ambito.

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