23 de abril 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos sigue sorprendiendo, amigo lector, la pasividad del empresariado en general -salvo pocas, individuales excepciones- soportando todo aquello que representa nuevas cargas a los costos, junto con el vigente control de precios, y sin salir a defender en tono alto y recuperar uno de los pocos puntos que las pueden ayudar. Decimos recuperar -y no conquistar- porque la referencia es a la reincorporación del «ajuste por inflación» en los balances. Ya sería tener que ceder bastante en su aplicación, debido a los grotescos manejos realizados sobre el INDEC y una realidad falseada que ya no resiste duda alguna. Con control de precios (o control sobre la rentabilidad empresaria, en un engendro inventado por la ministra de Economía), sumando a inflación falseada, agregándose ahora aumentos salariales que lucen con un número mediático, pero contienen una carga superior por vertientes semánticas. Más la presión impositiva, que siempre parece de economía «en emergencia», se ha formado un círculo en torno de los beneficios operativos, donde solamente se puede luchar por lo antedicho, llevar adelante una acción mancomunada de entidades empresarias para que se vuelva a aplicar el «ajuste» y el fisco no se lleve dineros que no le corresponden, sobre utilidades que -en términos reales- no son tales. Como refugiados en sus trincheras, los empresarios solamente se limitan a ver de qué modo se les agrega, periódicamente, una nueva acechanza. Que, después, se termina por concretar y habilita a más acosos futuros. Tampoco alzan la voz cuando sindicalistas demagógicos enarbolan que: «Hay riqueza, las empresas ganan mucho y hay que derramarla...». Un tema importante también para lo bursátil, que debe actuar en función de lo que puedan obtener las cotizantes, y si se quitan las proyecciones imaginativas, la conclusión actual es que deberían seguir perdiendo márgenes.  


Lo hemos utilizado al repasar balances diversos, como una expresión que se acuñó sola: cada vez cuesta más ganar menos. (Y eso que no habían ingresado los últimos hechos, como el aumento de la energía y el incremento salarial adornado de varios extras.)

En cada embate de un funcionario, gobernante, o de dirigentes sindicales, se ha optado por refugiarse en un espacio cada vez más reducido. Política que en otras épocas ya les fue muy costosa a las sociedades, aunque suelen -generalmente- pensar que no se debe irritar con nada al soberano y soportar todo lo que les arrojen. Pero, han llegado al límite inferior de no solicitar ni siquiera aquello que es natural y lógico, como el no dejar que les cobren lo que no es real. Ciertamente que cada vez sorprende más, el inaudito temor que envuelve a los empresarios. Pero, allá ello...

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