12 de junio 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Son increíbles en sus giros, los que hace mucho habíamos englobado en la industria de los «Curro's Brothers» (imaginarias casas de inversiones, que desde esta columna se habían bautizado con un solo rótulo, a inicios de los 90). Con total naturalidad, los que hasta hace no más de dos semanas llenaban de «papers» al mundo recomendando acciones y asegurando casi que la tasa de interés que maneja la Fed iría a bajar antes de fin de año, ahora mencionan lo contrario. «Nadie cree que la Reserva Federal recorte las tasas de interés en los EE.UU., este año», decía un subtítulo de nota de Ambito Financiero del viernes pasado.

Como no habrán de devolverle posibles pérdidas a quienes creyeron en sus recomendaciones anteriores, simplemente varían el discurso y que cada uno se haga cargo de los daños. Y así prosigue funcionando toda la maquinaria de los pronósticos y recomendaciones, ante la cual el único antídoto que hemos conocido será siempre el obrar a la inversa de lo que dicen y auguran. Algunas veces puede fallar, pero le aseguramos al lector -porque los seguimos de cerca- que en una gran mayoría se acierta, al jugar con la contraria de los «Curro's Brothers». La deducción es simple y eficaz: en este negocio donde se cruzan tantos intereses fenomenales no existen los amigos ni los desconocidos -mucho menos- a los que se busque favorecer. Si ellos dicen: «Compre», venda. Si aseguran que un activo no da para más, pues haga posición allí. Porque, justamente, cuando la idea de esta comunidad del « paper» es colocar posiciones en gran forma, precisan incentivar a potenciales tomadores. Y al momento de querer reingresar, lo que quieren son los precios más acomodados posible. Lo que es totalmente lógico y sensato, por otra parte, y resulta una de las leyes inmutables de los mercados: comprar cuando todos venden, vender cuando todos compran... (fórmula infalible para tratar de estar siempre bien parado).


Días atrás, no muchos « cupones» anteriores, decíamos que si uno se preguntaba por esta gente y le resultaba extraño que lo que cualquiera podía deducir, ellos lo ignoraban, contestábamos que no era así. Sabían perfectamente que era altamente improbable pensar en una baja de tasas (cuando no se dejaba de hablar de inflación), pero el negocio pasaba por expresar la creencia opuesta y ver si se podían incorporar almas a la zona de los compradores.

Lamentablemente, la Fed después salió con más mensajes y, entre los últimos, ya era demasiado ostensible el peligro al que hacían referencia. Y eso que los chinos siguen en lo suyo, sumando capital popular a su marcha bursátil sin frenos aparentes. Pero, de China se trata de hablar poco y nada. A lo sumo, arrojan el dato de que suceda lo que sea con la Bolsa de Shanghai, esto no afectará la «economía real». Otra falacia, porque cuando los mercados revientan, todo se ve convulsionado.

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