Se está utilizando en Brasil y en España, con distintas denominaciones, pero el sistema que piensa instrumentar la Bolsa de Comercio (y que se le adelantó al gobierno desde la última entrevista que tuvieron, al invitarlo a los festejos de ayer al presidente de la Nación) precisa bastante más que lanzarlo en el ámbito de los operadores duchos. Una tentación como se ofrecerá en el PIMI (que responde a: pequeño inversor minorista) y donde se asegura lo invertido, en raciones de hasta $ 10.000, merece que junto con el lanzamiento se brinde la debida campaña de marketing, procurando perforar una línea inversora que hace mucho el sistema ha perdido: justamente, la del pequeño inversor que forma el necesario tramado, por debajo de la gran cartera profesional o el fondo institucional.
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Lo que suponemos tendrán claro en la entidad bursátil es que con esta herramienta se saldrá a disputar capital en el ámbito de lo financiero. Quiérase o no, resultará una alternativa seductora para aquellos que no saben bien dónde dejar pequeños ahorros (salvo en plazo fijo o en cajas respectivas) y lo que allí se desprende es: competencia. Los bancos no escatiman publicidad y medios diversos para captar almas con sus ofrecimientos, estudiando periódicamente nuevas atracciones para procurar al inversor.
Poder decir que si alguien invierte unos $ 10.000, pueden ser menos, y se producen subas a lo largo del año en lo bursátil obtendrá beneficios, siempre deja pendiente la aversión al riesgo y el individuo piensa que allí no tiene paridad ni contrato previo en firme que lo cubra. Pero si la otra cuestión, la que genera temores, es cubierta con la tranquilidad de que en caso de bajas no se pierde, es ir muy lejos en el atractivo. Lo que es cierto es que el proyecto está en ciernes y como para conocer su implementación a breve plazo. Y lo que es también cierto es que si no existe una difusión profusa y a todo público, por todos los medios, se puede dejar reducida a los operadores de siempre, lo que es una propuesta para recapturar al de afuera y no al que ya está.
Se nos ha explicado el procedimiento, que parece cerrar bien, aunque siempre hemos pensado que cuando se trata de caminos adversos, alguien se tiene que quedar con la pérdida. Si no es el inversor, ¿quién? Nos aseguran que resulta un círculo invulnerable, donde ni los participantes ni la Bolsa se arriesgan, por lo que si hay alguien en la punta de la cadena y que no se lleve el triunfo, en verdad no pertenece al círculo que nos interesa. Posiblemente resulte la idea que más y mejores expectativas puede generar, en varias décadas, en el intento por atraer nuevamente al inversor común a la Bolsa. Y lo esperamos con expectativas.
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