6 de agosto 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando el palo de los mercados se pone muy enjabonado, amenazando con desestabilizar también todo lo que esté en sus alrededores (por más que siempre se quiere aislar el virus y pretender que no afectará a la « economía real»), uno tras uno, los países intentan despegarse del asunto y tratar de invocar sus supuestas virtudes. De hecho, sería difícil hallar algún gobernante de cualquier país que reconozca que la ola les habrá de pegar de lleno. Y ahora es Brasil el que envía su mensaje -a través del presidente de su Banco Central, Henrique Meirelles- al mundo, remarcando que: hoy la economía del país tiene fundamentos sólidos y puede enfrentar las negativas turbulencias, que golpearon los mercados financieros en semanas recientes... Dicho esto en portugués, o en español, es más o menos el mismo discurso oído muchas veces y que solamente advierte de una cuestión: los gobernantes están preocupados. Y ya institucionalizan -en este caso, en grado de «turbulencias»- el hecho de que se está en zonas resbaladizas de los mercados (y con riesgo de que se expanda el problema). Los inversores avezados saben que es discurso para la masa, pero que cuando se producen olas altas y contrarias desde los centros principales, nadie queda a salvo, por más «fundamentos sólidos», reservas, superávit que se quieran pregonar. Cada vez más el mundo moderno es como «El gran tablero» y ninguna ficha puede abroquelarse y suponer que hará trinchera en su humilde casillero. Las señales de los analistas, casas de inversión, especies de la misma raza, ya las comentamos a menudo. Pero cuando se van incorporando mensajes de gobernantes -con el consabido escudo dialéctico protector-, es como para que el inversor sepa que la temperatura ha subido unos grados más, en lo que hace al paciente con fiebre alta.  


No sin poca satisfacción, finalmente pudimos leer que ya hay operadores de Wall Street que están suspirando por la conducción de Alan Greenspan en la Fed, en vez de la que lleva Bernanke. Y esto viene también a demostrar que cuando se quiere ir dilatando todo, sobre la base de pura ambigüedad y retórica, finalmente la verdad termina por emerger en cierto lapso. El problema es que muchos de los que hoy suspiran así seguramente volvieron a desestimar las señales de advertencia que Greenspan emitía, desde varios meses atrás. Y prefirieron, en función del negocio, colocarse en intérpretes antojadizos de aquellos dichos vacuos de Bernanke: para pasarlos como optimistas o tranquilizadores. Un modo en que el mercado hallara la forma de ganar tiempo para las correcciones: y ellos ganar tiempo para colocar sus posiciones. En el mismo día del mensaje brasileño, Ambito dada cuenta de: «Fondos quebrados se expanden por Europa y Asia», un virus que se fue propagando y sobre el que nadie posee noción exacta de cuánto daño causará. Como si todo estuviera en medio de un «agujero negro».

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