16 de agosto 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Que el único logro destacable de la primera fecha semanal de las Bolsas, cuando tanto se pregonó en todo el mundo la asistencia financiera oficial, solamente había sido: tranquilidad. Ya tenía bastante mal sabor. Claro, si se esperaba con mucho temor y peores recuerdos la reanudación de la actividad, hasta esa calificación de «tranquilidad» alcanzaba una graduación superior. Quien estuviera un poco más adentrado en la idiosincrasia de los mercados acaso podía tomar el saldo de manera más negativa que positiva.

Porque si con las sumas que se habían dispuesto y la actitud de salir a ponerles un dique a las bajas, apenas se podía hallar calma: ¿qué podía suponerse para los pasos siguientes? Por ejemplo, y no estaba mal, que después de una primera rueda cautelosa se animaran más las carteras compradoras y la oferta se viera más en sus casillas. Pero, no desestimaba la otra opción. Que frente a una reacción que no lo fue, surgiera después la decepción, sobre que las medidas fueran suficientes. Y cualquier «datito» que no gustara podía resultar desencadenante... de lo que luego se vio durante el martes. Las recaídas suelen ser peor imagen que si se llega en línea directa a un piso y, luego, se produce una reacción más asentada. Y el martes se produjo otra pendiente notoria, que llevó al Merval a estar bordeando la perforación de los 2.000 puntos. Y el Dow Jones a comerse otra baja, de 1,6%.  

Sabe el lector habitual, pero se lo decimos al eventual, que por razones de edición esta columna debe entregarse con anticipación. Es decir, no sabemos de la rueda inmediata anterior cuando lo entregamos al diario. (Y ante sucesos como los actuales, en vorágine, es dar mucha ventaja y que lo dicho quede descalzado ante lo que se produzca).

Pero, como tratamos de bajar de la superficie y buscamos más adentro, un resultado -u otro-no cambiará la opinión.

Ese dueto de ruedas iniciales, calma y nueva baja, no tiene contornos muy claros. Y como están las cosas, no hay que descartar -aunque parezca un absurdoque los mismos que parecen afectados (las grandes carteras y casas de inversión) estén jugando una segunda fase, la más deseada, y que sería: cortar reacciones, inyectar más temores, hasta que se concedan bajas de tasas de inmediato. Que es donde el negocio les cerraría de modo redondo. Y habiéndose cortado la ganancia por las ramas, hacerla en las raíces. Comprando abajo, con financiación laxa, crédito abundante y a más bajo costo.

Son hipótesis, como tantas otras, que tienen cabida en cuanto se producen desbarajustes graves en la masa inversora de los mercados. Y no la dejamos de lado. Casi es lo que más nos cierra, en tren de querer interpretar por qué fracasó el primer intento formal y abundante de poner un freno. ( Además, claro, de los dramas que se pueden estar viviendo en las carteras.) Apasionante; para seguir esto de cerca.

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