Coincidimos plenamente con lo que reza el cable de referencia en su comienzo: «Es una decisión histórica y en el año de su centenario...». Le vamos a incorporar algo de nuestra propia cosecha, creemos que también resulta de trascendencia histórica para la Bolsa de Comercio. Si arrancamos por el predicado, presentemos al sujeto de una vez: se trata de lo resuelto -por unanimidad-en una asamblea extraordinaria, del pasado 31 de agosto, por parte de los accionistas del Mercado a Término de Buenos Aires.
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¿Y qué se resolvió?, abrir su capital accionario a la oferta pública, pasando a cotizar sus acciones en los paneles de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.
En el país, resulta el único «mercado de futuros» que se integrará a la cotización bursátil. Aunque es habitual verlo en Estados Unidos y a partir del « Chicago Board of Trade», acaso su figura más tradicional, junto con varios otros que siguieron el mismo camino.
Lo conceptuamos de histórico a dos puntas, el que llega y el anfitrión, porque hay una historia muy particular entre las dos entidades. El MATBA está cumpliendo su primer siglo -1907 a 2007- de existencia, tiene su residencia muy cercana a la Bolsa de Comercio y ahora está regresando a su lugar de nacimiento, nada menos. Y nos dice la historia que a partir de la reforma de estatutos de 1905, de la Bolsa de Comercio, queda como entidad adherida la Cámara Gremial de Cereales.
Entre integrantes de esa cámara y cerealistas, de la Asociación de Cereales, toma forma la iniciativa de un Mercado de Cereales a Término (la operación «a futuro», que da exacta cobertura a productores y compradores). Pero no sería tan simple. La idea generó resistencias pesadas y la Inspección de Justicia se opuso, en primera instancia, pretendiendo que eso era «sólo una forma encubierta de juego y que no sería favorable para la industria agrícola nacional» (unos « visionarios», abundantes en nuestra historia).
La Bolsa de Comercio salió en defensa de la iniciativa, junto con la «Unión Fabricaciones de Harinas», y el ministro de Justicia debió conceder la autorización, el 7 de enero de 1910, aprobando sus estatutos. Y así, en la majestuosa nave del « viejo recinto» convivieron transacciones sobre títulos y valores y, también, las de cereales. Está, como siempre, la «rosa de los vientos» -consultada de modo permanente, según la variación de ellos, respecto de las cosechas y la incidencia sobre los precios-presidiendo las ruedas del «Mercado a Término». Después, llegó el tiempo de emanciparse, no faltaron épocas de rezongos y roces entre las entidades -típico entre parientes-, hasta que arriba esta gran noticia. Saber que por otra vía, a través de sus papeles accionarios, regresa a su casa natal una entidad que ha demostrado su eficacia por cien años: y será atracción. Bueno, para todos.
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