Lunes 21 de enero de 2008: primera apostilla negra, para anotar en el ejercicio recién comenzado. Rueda donde los inversores del mundo estuvieron unidos no por la pasión, sino por el espanto. Y el espanto que se fue traduciendo implacablemente en caídas y más caídas de índices, al por mayor.
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Por donde se pudiera consultar, las pantallas daban cuenta de derrumbes que estaban entre el seis y el siete por ciento. Y esta vez, incluida la fastuosa Bolsa de Shanghai, que se atragantó con más de 5% de rebaje.
Otra apostilla (para la columna de curiosidades): justamente el promotor, el epicentro de toda la vorágine de precios y de perfiles de «corrida» mundial, no estaba en el circuito. En efecto, el lunes no se pudo hablar de un efecto generado en la caída de Wall Street, sino solamente por la sombra fantasmal de un mercado rector que estaba de feriado. Ahora bien, si el gran culpable de los desastres que se vienen sucediendo no estuvo en el escenario, ¿cuál resultó el detonante de esta «fuga encadenada» de todos los demás índices, sin importar región ni condiciones? Conviene apuntar que en el momento de leer esta columna, ya Wall Street ha estado presente en la fecha de ayer (nosotros no sabemos de ello, porque la columna ha sido realizada el lunes por la noche). Solamente que nos costaba imaginar la presión contenida en el ámbito del NYSE, al ver el destino de los otros mercados que le forjaron un camino de espinas, con el derrumbe del lunes 21. Y si Bush se jugó a pecho descubierto el viernes, con esas medidas que van a resignar ingresos fiscales, y la respuesta del mundo resultó de semejante violencia bursátil y un tremendo apaleo de los «osos» en todos los recintos, ¿qué puede sobrevenir, para que se le pueda colocar un tapón a la rejilla, por donde se va escurriendo el ánimo de los mercados?
En esos momentos oíamos que se especulaba con una aparición de un Bernanke, o alguien más alto, y que se quisiera tratar de conformar a operadores con una rebaja de tasas fuera de orden, anticipada, desesperada...
Previendo que arrancar con la rueda del martes en Wall Street podía dar de los peores saldos de su historial, con semejante preámbulo que le brindaron los demás. Muchos más habrán caído en la realidad cruda, la que algunos todavía intentan negar, ya las filas de los compradores se han visto diezmadas por el solo desarrollo de una jornada más que en todo un mes quizás. Y aquí nos detenemos, dejamos el desastre del lunes y esperamos a ver lo ocurrido el martes, pero queremos hacer hincapié en un punto: que los eternos ilusos argentinos, con cargos públicos, dejen de crear la imagen del buque al que nada le sucederá y que les pasará sólo a otros. No le quepan dudas al lector que el sufrimiento que venga del exterior no dejará a nadie fuera de cuadro. Más allá de la soberbia.
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