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12 de febrero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Cuando nos denominan o hasta cuando nos denominamos, ya no se sabe bien si estamos como «emergentes» o como los viejos «subdesarrollados», por no sacar de los archivos aquello de «tercermundistas». Mejor quedarnos con lo más simple e involucrarnos como un participante de «la región» que integramos. Y en esta región se está pudiendo ver de los menos dañados en la caída de mercados. O bien porque la menor magnitud juega a favor, en el caso de un ciclo contrario, haciéndonos más fácil poder gobernar en términos más suaves. O porque de verdad la huida masiva de capitales de zonas de primer nivel deriva algunas partidas a mercados de menor porte -y supuesto mayor riesgo- para tratar de compensar lo que los grandes no pueden dar.

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La otra idea, la de ser «inexpugnables» ante la adversidad que se pueda tener que soportar, no debería tener demasiada certeza en los que trabajan seriamente con los distintos países e indicadores. Especialmente cuando se siguen cometiendo errores pueriles, que ayudan mucho más a vernos como imprescindibles y peligrosos, que aquella imagen deseable de poder resultar puerto de alternativa a capitales erráticos.

La desfachatez del manejo de los índices de inflación, sobre los que ya llueven preguntas desde todos los centros, como esa falencia energética que nos muestra propugnando planes cuyo fondo es el «cambio de lamparitas», seguramente que restan puntas (sin hablar de una seguridad de reglas que ha sido violentada hace mucho) como para poder atraer más inversión de riesgo en momentos donde existe un «bolsón» de capital, huyendo de los grandes captadores de dinero en el mundo.  


¿Dónde poder colocar el mercado bursátil local, dentro de la lista de posibles candidatos? Por el momento, en el lugar de la buena tarea defensiva. Que se ha logrado a través de adelgazar volumen y quebrando la secuencia de montos de cierta importancia, de meses anteriores.

No resulta el mejor de los esquemas el tener que perder menos a costa de resignar órdenes y marchar hacia un embudo de negocios. Y esto desdibuja la imagen de que estén desembarcando capitales foráneos de importancia, que escapan a los bajos rendimientos por una parte y al alto riesgo bursátil de los principales recintos. Lo que deja la controvertida figura de la inflación dibujada, sobre los bonos que la tienen como cláusula de indexación, indudablemente que también contagia al segmento aledaño -el de acciones- porque somos un mercado total a la vista del inversor global, que así como puede criticar lo que sucede en un tipo de activos argentinos, lo relaciona con el resto. No hay una idea cabal del perjuicio que se causa con semejante «tramoya» perpetrada. Y aunque parezca una «viveza argentina», constituye otra de las sorpresas.

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