En el mundo se siguen asombrando, cuando ven lugares tan distantes donde habían arribado esos «bonos hipotecarios» (tranquilamente, ya se ganaron la calificación de «basura») emitidos desde el corazón de Estados Unidos. Si los argentinos hacemos un poco de memoria y recordamos la diversidad de poseedores de bonos locales -destapado al momento del canje de deuda- no nos debemos asombrar. Papeluchos emitidos por un país que estaba haciendo agua, de manera harto elocuente, y que aparecían en manos de jubilados de Italia, de Japón, hasta de algún esquimal de Alaska. Esto es la era de las finanzas globales: cuyo demonio está en el anverso y resulta ser la era de «la estafa global».
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Y la imaginación es superada a diario, con los pimpollos que van floreciendo en el tronco podrido del árbol de esta crisis desatada. Llegan novedades que promueven la risotada, como aquello que arribó de Alemania (nada menos).
El cable decía: «Pretenden tranquilizar a los mercados». Y el título de noticia era: «Grandes bancos presentarán un manual contra crisis financiera...»¡Ja!, ¿qué tal? Habrá un «código de instrucciones para que los bancos mejoren su gestión y sean más transparentes». Además, el documento «contiene recomendaciones para un mejor manejo de riesgos y exige mayor claridad en la evaluación de productos financieros complejos...». Ahora me quedo más tranquilo (dirá el inversor y ciudadano común a quien la topadora le acaba de pasar por arriba. Llegamos al siglo XXI para esto: para notar que quieren redactar códigos de conducta para «el rebaño», los lobos que participaron de la brutal carnicería. Por allí surgen también otras ideas, no faltando las que suenan lindo y resultan solamente una utopía. Como «para las finanzas globales debe existir un control global...». Sueño de tener algún organismo que posea la potestad de vigilar y controlar en todas partes. (Ni Walt Disney hubiera imaginado algo por el estilo).
La desesperación por colocarle una tapa al «sumidero» que se ha desbandado, todos los días incorpora alguna nueva idea o declaración de funcionarios, banqueros, analistas, operadores de renombre, mientras la gente hace lo que siempre hizo: recoge sus velas, tiene miedo, deja de consumir, se apega mucho más a lo que tiene.
Y responde al más elemental de los principios del ser humano: el de supervivencia. Y así, mientras al mercado le colocan vitaminas para un par de días, al tercero les llega una novedad -como la «General Electric» y su balance- y todo se desmorona. Y la situación se va ganando el rótulo en mayúsculas -sólo reservado para los aconteceres monumentales- de ser «La Gran Crisis de 2007». Se prometen más controles, más penalización, más transparencia, pero -en verdad- la mayoría no cree en ello. La tentación de hacer magnates de la mañana a la noche: dejará un hueco, por donde colarse otra vez.
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