28 de abril 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

«Por un clavo se perdió una herradura...», recordará el lector esa sintética -como clara- apreciación condensada en un par de líneas. Y que demostraba de qué modo algún inconveniente, en apariencia de tono menor, se iba hilvanando y terminando en un desastre mayúsculo. Un simple clavo que hace caer al caballo de un rey, en plena batalla. Un rey que rueda. Y un reino que se pierde.

De tal modo se ha desvencijado todo en el escenario nacional y a partir de lo que parecía sólo una de las tantas medidas económicas, aplicadas al agro. La oposición, el enfrentamiento, la sangre que hierve, el orgullo y la soberbia como malos consejeros. Y un corto tiempo después... un ministro que rueda, un dólar que se estimula, fricciones políticas por doquier, inflación que se inflama más todavía. Bonos argentinos que se arrastran por el piso. Bolsa que va tambaleando, riesgopaís que alcanza alturas como no se vieron en varios años. Y más.. rebaja de «calificación» para nuestros títulos (que es un símbolo en lo internacional) desaparición en escena de ex presidente, discursos altisonantes, construyéndose un monstruoso devenir de notas y más notas en los medios. De reportajes y más reportajes. De opinión sobre opinión, entre alineados y opositores. Y apareciendo una tercera posición, la de los ahora: dudosos.

Y siempre nos aterra el pensar que no estamos en uno de los pésimos momentos de crisis en nuestro país. Lo que conlleva a no querer ni suponer qué pasaría si se volviera a tener que enfrentar otro de los malos momentos. Cómo serían los enfrentamientos, las acusaciones de unos a otros y las reacciones, sobre todo.  

Si se instaló el interrogante sobre ¿quién gobierna?, no resulta un camino aconsejable. Si se ofreció en sacrificio la figura de un ministro de Economía (al menos su investidura de tal) y se pretende cargarle culpas que, salvo un incondicional, nadie puede creer que haya sido así, el camino tomado es más ríspido todavía.

No hay modo, hasta lo aquí actuado, de poder hacer encajar las piezas para que un mercado de riesgo pueda dar todo por concluido. De las pocas señales adicionales, se ha oído decir que de ningún modo se irá a «enfriar» la economía. Acaso, se le tendría que haber vendido la idea del modo en que se la vendieron a Bush, sus más hábiles asesores: «desaceleración del crecimiento».

Ningún líder político ejerciendo el poder, estaría dispuesto a aceptar «recesión», o bien, en nuestro idioma: « enfriamiento». Pero, es muy posible que asumir « desacelerar», les resulte más digerible. Y ahora tenemos gente enojada por doquier, cúpula donde se mezcla el impulso con el raciocinio y a ver quién lanza el discurso más inflamado. «Y por un clavo...».

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