Desde el punto de vista estrictamente de una mente inversora, despojada de toda otra condición que no sea ésa, puede uno animarse a decir que resulta más preocupante la súbita novedad sobre el accionar acerca de Aerolíneas que todo el entuerto creado en torno del campo. Porque indica el desaforado modo de moverse sobre cada nuevo objetivo -que ya parece pertenecer a una «carpeta», con diversos nombres y rubros-y que solamente requiere la opinión de unos pocos, obrando en nombre de todos.
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Y no eran, justamente, momentos éstos donde poder suponer que las mentes ejecutivas estaban pasando por suma tranquilidad de espíritu (al seguir haciendo eclosión todo lo referido al agro) y para poder medir sabiamente los pasos a dar, siendo que resultaban tan drásticos.
Sorpresa en España -que hasta ahora, según se sabía y observaba, era de los pocos países aliados-y más sorpresa en un mundo que nos venía analizando desde todo el gran escándalo surgido hacía más de tres meses.
Un inversor racional puede plantearse que si tienen tanta desesperación por echarle el guante a lo que es un rubro «chatarra» en todas partes (como una compañía aérea), qué puede esperarse de otros objetivos, en renglones mucho más apreciados y realmente válidos.
Recordamos cuando, no hace más de un par de meses, el tan famoso Warren Buffet apuntaba a que no había peor negocio para invertir en estos tiempos que el de una compañía aérea. Y llevando al extremo el concepto, en una mezcla de mordacidad e ironía feroz, remataba la idea diciendo que si alguien hubiera asesinado a los pioneros de la aviación, en su momento, le hubiera evitado muchos problemas al mundo... Bueno, nuestro gobierno ha gastado otra cuota -no le quedan muchas-de su prestigio, atropellando para llevarse a la tal compañía. Y la que demuestra con sus números y deudas aquella apreciación que lanzaba Buffet. Explosivo, agresivo, inclusive, el método y tensando una línea de acción donde no existen tratamientos amplios. Acuerdos entre poderes, análisis de gente muy entendida, extracción del escenario costo/beneficio para saber hasta qué punto será conveniente para el país jugarse en una nueva aventura.
Hoy estamos bien dentro de la caldera, con todo lo que se decide y vota, respecto de lo que más llama la atención de la población, pero sugiere -al inversortener bastante más cuidado el evaluar la avanzada sobre la compañía aérea, y el modo de llevarlo a cabo.
Esto deja librado a cualquier nueva acción, y objetivos, que pueda provenir de un modo de gobernar que privilegia mucho más lo impulsivo y autoritario que lo racional y estudiado en sus consecuencias, presentes y futuras. Se sabe que todo termina por taparse con « subsidios»: hasta que un día los subsidios no tapen. Y todo haga saltar la tapa.
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