14 de agosto 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos preguntan... ¿y cuando dejen de intervenir comprando bonos oficialmente, qué será de ellos? Se la trasladamos, con toda malicia, a los que deben estar más preparados que nosotros para contestarla. Por nuestra parte, sabemos que lo que nos dice la historia, de los que han querido torcer las tendencias -de modo artificial-tuvieron un final peor que el que quisieron evitar. A lo sumo, solamente trataron de ganar tiempo. Pero, el ganar tiempo no tiene que ver con «ganar confianza» y que de esto se trata cuando una tendencia negativa vuelca hacia lo positivo. No es por inyectarle dinero y más dinero, a carradas. Ni sacar disposiciones impulsivas. Y si se quiere un ejemplo mucho más importante que lo que sucede aquí: pregúntenle al gobierno de George W. Bush sobre el enorme fracaso que tuvo, al tratar de focalizar el incendio primero. Y al intentar apagarlo con billones de dólares, después...

Mientras salga un ministro del Interior (es curioso que opinen los que no están en el tema) y enojarse con lo que dice el mercado y reducirlo a que todo es sólo una «puja de intereses» -paso previo a trasladarlo a alguna actitud « conspirativa»- difícil que la simple y pura confianza fluya natural. Como debe fluir para sanear las tendencias y las expectativas negativas.  

Hasta aquí, lo que conocemos del enorme valor de lo «fiduciario», sobre lo simplemente «monetario». Y en tanto los gobernantes porfíen y odien al mercado, buscando nuevas excusas cada vez. O intenten el golpe desesperado de meter mano, creyendo que su poder es más grande que el del mercado, los finales no pueden tener un buen pronóstico. Leíamos, hace un par de días, otro buen ejemplo de la tozudez agravando los escenarios. Y se dice que Chávez, acosado por fuerte impulso inflacionario en su país, está analizando también estatizar la más grande empresa de alimentos de Venezuela.

La señora Presidente dijo que había estado mirando «varios balances» del primer semestre y que las empresas tenían «fantástica utilidad». Por supuesto, no mencionó qué empresas, ni cuántas eran, aunque puede que le hayan presentado un seleccionado. Y, además, no sabemos qué significado adquiere en este gobierno la expresión «fantástica utilidad». Podría hacerse otro selecto conjunto de «fantásticas pérdidas», o un tercero de «fantástico aumento de costos». Con lo cual, nada demuestra más que otra inyección de optimismo en grageas, en lo que solamente el oficialismo quiere creer. ¿Cuál será el destino de los bonos, cuando vuelvan a estar solos? No lo sabemos. Que los sabios lo digan.

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