5 de septiembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

La insistencia en las reseñas de los balances de junio, donde empresas de todos los rubros hacen hincapié en los mismos puntos que les preocupan, da idea de un círculo que se va cerrando cada mes que pasa. Pedir medidas que dominen la inflación y penar por la constante suba de costos ya resulta dos clásicos que se reiteran y, seguramente, estarán presentes en las «memorias» por verse del medio ejercicio realizado.

La temida «inflación de costos» se viene comiendo márgenes y, a pesar de que no se puede volcar a precios, la inflación se ha instalado. A esto se le agrega una caída en el consumo que en ciertos productos, como « bienes durables», se viene acentuando desde el segundo trimestre y deprimida desde el conflicto con el agro. De tal manera se ha generado un desacople de las variables internas, que el arreglo con el Club de París no puede solucionar por añadidura.

Tampoco aquello de recobrar la confianza de los mercados, el crédito internacional, el arribo de inversiones, se puede evidenciar de un día para el otro. Y algunas voces, que no tienen que ver con el juego político local, han dado un justo parecer: «Lo del Club de París es un buen primer paso...». Ya no interesa discernir si la medida tomada fue por necesidad o por vocación, o si la forma de implementarlo es la más correcta (con reservas del Central). Lo concreto es que se ha dado un primer paso, y si bien parecemos un país que sigue «rengo» en otras cuestiones, llegará mejor a la meta el rengo que se coloca en la senda correcta que el atleta que corre por la equivocada. Pero la Bolsa -y las dos primeras ruedas con la noticia sobre los pupitres-no se mostró jubilosa por los anuncios: más bien, al revés.  

He ahí otra señal de que el ambiente local se encuentra en un estado más delicado, y preocupante, que el imaginable. Primero sorprendió no ver el repunte, después ya causó cierto asombro. Y más todavía cuando los negocios se encogieron, en vez de expandirse.

Tampoco había existido el principio del anticipo, acerca del pago externo; el mercado no registró ningún pico notorio y positivo en días previos. Resultó una especie que cayó de pronto y, como tal, debía haber generado un cambio trascendente (aunque resultará efímero). Se estaba hablando de un gobierno que se cansó de vociferar contra organismos de crédito, o cualquier tipo de acreedor, y que resolvió pasar a la otra vereda. No es poco cosa. Y desconcertó a los partidarios de la otra posición, a los «chavistas» enemigos del imperialismo. D'Elía estuvo original, diciendo que estaba de acuerdo con el pago y echándolo en cara a «los agoreros». Cuando, en verdad, los agoreros tenían razón: y por eso se hizo el pago. El tema es cuál será el segundo paso.

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