8 de octubre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

No quedan más explicaciones que disfrutar del momento bursátil: hasta que dure. Lo demás huelga. No hay modo de poder transcribir, y pasar a palabras, lo que viene sonando como un viento que todo lo lleva por delante. La rueda del martes pareció resultar resumen del momento que se vive en Buenos Aires, si bien tiene un parentesco directo con aquello que también se disfruta en el exterior. La gran diferencia, que convierte a nuestro mercado local en un objeto bursátil exótico, es que no está rodeado de un contexto de donde se puedan extraer elementos nutritivos (acaso, todo lo contrario). Se continúa, en esos días, haciendo toda una fábula acerca del acercamiento entre el Gobierno y el Fondo Monetario. Cuando gradualmente se tuvo que ir declinando el discurso de barricada y, ahora, se entró en el juego de la estratagema verbal para tratar de hacer creer que los que vociferaron contra el FMI y sus métodos -y sus auditorías- no resignan banderas, que deben resignar. Y eso, que es contradicción pura y que abarca los dos extremos -ruptura y reconciliación- dentro de un mismo color y personajes de Gobierno, desata júbilo. No hay más que eso, dentro de lo que pudiera contarse a favor de apuntalar semejante euforia bursátil. Del otro lado, empresas cotizantes que vuelan en sus precios, y -en el mismo día- la Unión Industrial es adornada de huevazos y agresiones (reiteradas ya). El conflicto con una empresa que no deja de ser nacional, de capital extranjero, derivando en los episodios más insólitos. Y ya plegando a los oportunistas ideológicos, junto con juventud estudiantil, para hacer un apretado amasijo que da la vuelta al mundo, mostrando de qué modo los argentinos tratamos el capital y a los que -les guste o no- son los que dan trabajo y requieren que aquellos que son operarios no se transformen en directivos «de facto». Apoyados por la negligencia de autoridades, que siguieron inclinando el plano hacia los perturbadores.

Los «bonos basura» emitidos resultan estrellas, para generar fortunas de la nada. Y son los mismos que resultaron víctimas de toda la cláusula de indexación falseada (único en la historia del mundo) y engendrados en el vergonzoso «canje» cometido. Cierto es que, a través de juntar residuos y darles combustión apropiada, se puede generar energía: tal vez, la gran fórmula hallada para seguir disfrutando.

(Lo mejor es no pensar demasiado y aprovechar).

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