De la Rúa avaló a Pou y desairó a Alfonsín y Alvarez
No fue una salida espontánea, irreflexiva. Fernando de la Rúa meditó largamente durante una comida, el miércoles, con sus ministros Chrystian Colombo, Adalberto Rodríguez Giavarini y José Luis Machinea, el tono de su reacción ante el desafío de Raúl Alfonsín y Carlos Chacho Alvarez. Ayer se pronunció. Dijo que Pedro Pou debe seguir al frente del Banco Central porque no hay motivos para reemplazarlo. También aclaró que no tiene coincidencias ideológicas con el economista pero que deben respetarse las instituciones. Sobre la pretensión de Alfonsín y Alvarez de que la Argentina se abstenga en el voto sobre los derechos humanos en Cuba, advirtió que es una cuestión que le compete sólo a él como presidente de la Nación. Eso sí, lamentó no haber escuchado pronunciamientos contundentes "en defensa de nuestra querida patria agredida". Respecto del Banco Central y Pou, De la Rúa fue más extenso. Dijo que apoyaba todas las investigaciones que fueran serias y que esperaba acusaciones con hechos "concretos, consistentes, objetivos y comprobables". Habló así el día en que la diputada Elisa Carrió recorrió las radios diciendo que "Pou es un delincuente y quiero verlo preso". El Presidente no mencionó a la legisladora pero la desafió: "Se creó una expectativa y ahora estamos esperando los datos. Espero que no nos defrauden". Por la tarde de ayer concurrieron al despacho presidencial los senadores Mario Losada, Jorge Agúndez y Raúl Galván. Durante la reunión se coincidió en la conveniencia de no actuar atolondradamente en la comisión que debe evaluar la situación de Pou y que sesionará el martes. Ese cuerpo terminará expidiéndose después de que el Senado de los Estados Unidos (la institución a la que Carrió confió su denuncia) formule alguna acusación concreta sobre lavado de dinero. Preocupado y minucioso, De la Rúa tomó ayer en sus propias manos la tarea de sofocar el escándalo. No es para menos. Teme una nueva crisis financiera y odiaría repetir una experiencia conocida: pagar altísimos costos políticos por supuestas evidencias que tardan demasiado en probarse, como ya le sucedió en el caso del Senado.
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De la Rúa respaldó a Pedro Pou al decir que «sigue en funciones» y que «el gobierno respeta la autonomía de la autoridad monetaria». Pero en el gobierno prefieren que en relación con Pou los vean «juntos pero no revueltos»: las declaraciones dicen también que «todos saben que este gobierno no designó al presidente del Banco Central y hasta tiene discrepancias con él». Machinea sintetizó así esa postura: «El gobierno no tiene elementos de juicio que muestren la mala conducta o el incumplimiento de sus deberes como funcionario público» (son las causales que adujo Raúl Alfonsín para «echarlo a patadas»).
En el mismo sentido de sus expresiones ante la prensa, De la Rúa se reunió ayer por la tarde con los senadores Mario Losada, Jorge Agúndez y Raúl Galván (quien se encontró con el Presidente después de un largo período de distanciamiento). Con ellos analizó la convocatoria de la comisión prevista en la Carta Orgánica del Banco Central y que se reunirá el martes próximo y se encargará de decidir sobre la suerte de Pou. El criterio que se adoptó en ese encuentro es que el equipo no sirva «para que se monte un show televisivo» y que debe tener «un reglamento riguroso». Esto último significa que los legisladores oficialistas deberán establecer que las decisiones graves que eventualmente se tomen en esa comisión se adopten con mayorías especiales. Ya en el Senado, los legisladores más cercanos al Presidente se plantearon que el trabajo de la comisión debería inaugurarse una vez que se conociera la posición del Senado de los Estados Unidos sobre las denuncias que llevaron allí los diputados Carrió y Gustavo Gutiérrez.
Para Losada, la señal que emitió ayer De la Rúa abre un dilema: deberá resolver su doble dependencia política entre un De la Rúa que decidió sustraer al oficialismo del escándalo y un Alfonsín -factor clave de su llegada a la jefatura del Senado-que pretende vol-tear al titular del Central.
Con esa experiencia a cuestas, el Presidente decidió actuar frente a Carrió y Gutiérrez con un temperamento distinto. Ayer los desafió a presentar pruebas: «Todos tenemos grandes expectativas sobre las investigaciones que algunos diputados anuncian. Esperamos que ahora esas expectativas se concreten y que podamos conocer los datos porque el gobierno aguardó recibir los datos objetivos ausentes allí en esas publicaciones y en ese documento». La legisladora chaqueña dijo ayer por la mañana: «Pou es un delincuente. Quiero que termine preso. Y lo voy a probar».



