La decisión de la Unión Europea de comenzar a admitir el ingreso de maíz transgénico podría hacer que se triplique en nuestro país la producción (actualmente de 15 millones de toneladas) y, consecuentemente, la exportación de ese grano. Los rendimientos del cereal en la Argentina no están demasiado lejos de los logrados en las naciones productoras líderes, lo que ubica al país como el tercer exportador del mundo. Ahora, con la aceptación de los europeos, podrían mejorarse aún más. Sin embargo, hay un riesgo: un aumento abrupto de la producción a raíz de la nueva política europea podría impactar en el mercado con una baja en el precio de esos granos.
La ingeniería genética, que permite el cultivo de semillas con ciertas mejoras y resistencias a enfermedades, provoca el aumento en los rendimientos de los cultivos. Esto permitió que la difusión de la soja genéticamente modificada hiciera aumentar la producción, que en la campaña '90/'91-'92/'93 rondaba los 11 millones de toneladas, saltara a 25 millones en 2000/'01. El mismo shock de producción que provocó la difusión de las semillas híbridas de maíz a fines de los '60 o las de girasol en los '70. Antes, la mecanización o el uso de plaguicidas habían generado una mejora en los sistemas de producción. Se considera que la generalización del maíz modificado genéticamente podría provocar otra revolución en la producción local.
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