El precio de la carne sigue siendo un tema preocupante, más ahora que el valor del ganado en pie sigue bajando, impulsado por un exceso de oferta y por la prohibición de las exportaciones. Ante esta situación es probable que se encuentre una futura señal de alivio y que los precios de la hacienda se traduzcan en una baja de los valores de la carne en la góndola. Pero nada está dicho todavía y hay distintos factores, entre ellos los climáticos, si es que se mantiene la sequía, que pueden influir negativamente.
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En este contexto, tanto Alberto Williams, vicepresidente de la cámara de carniceros de Capital, como Carlos Pujol, consignatario de hacienda, hablaron con Ambito Financiero y coincidieron en que «los precios de la carne se van a mantener estables». Un elemento bastante importante que consume el ingreso de los trabajadores y que la ministra de Economía, Felisa Miceli, sigue de cerca. Habrá que ver si estos datos influencian las especulaciones actuales que rondan 0,8% de inflación para setiembre.
En este sentido, Pujol explicó que «los precios de la hacienda vienen bajando hace tiempo por exceso de oferta y que si se continúa con este ciclo es probable que se mantengan estables y con tendencia a la baja». Pero no deja de preocuparle la sequía, que podría cambiar estas proyecciones favorables.
Por otro lado, a Williams ese tema no lo inquieta porque «el grueso de la hacienda que entra al mercado proviene de zonas que no sufren la sequía».
Para la cabeza del gremio de los carniceros,una futura suba en la carne está fuera de discusión, «el mercado no está tan volátil como para hablar de suba sino de baja». Sin embargo, explica que no se puede predecir el largo plazo con certeza porque es un mercado que hay que seguir en el «día a día».
Abundancia
Como siempre, no deja de destacar que las acciones de los carniceros dependen de lo que hagan los proveedores, difíciles de predecir «cuando desconocemos la forma de trabajar de ellos». Pero «no tiene porque haber aumento si ellos no suben los precios».
Antes se especulaba con que los precios de la carne eran elevados porque las costumbres de los argentinos hacían que la demanda de consumo fuera excesiva. Contrario a esto, Williams afirma que «el consumo no está tan exigido y que hay abundancia de entrega de mercadería». Pero no deja de aclarar que «todo está caro y que a la gente le cuesta comprar 1 kilo de carne como le cuesta un remedio o la medicina prepaga».