Nuevamente, la Argentina enfrenta una minicrisis cambiaria. Seguirá en ascenso a menos que reaccione el gobierno. Ayer, se vio nítidamente que el nerviosismo llegó al pequeño ahorrista. A quien le vencía un plazo fijo lo pasaba a dólares. El menos pesimista lo dejaba en caja de ahorro en pesos, pero con disponibilidad inmediata. En casas de cambio, la divisa cerró a $ 3,21. Pero sorprendió la demanda de billetes en el mercado informal o "blue" en el que se eluden requisitos de compra máxima y la identificación del inversor. Allí se negoció a $ 3,25.
El Banco Central está interviniendo, pero en las operaciones a futuro. Ya llevaría vendidos cerca de u$s 1.000 millones a diferentes plazos que van de uno a seis meses. No se informa esta intervención ni se la contabiliza en el dato diario de reservas. De todas maneras, es una herramienta con la que el Central intenta calmar una plaza agitada por rumores de todo tipo y un conflicto con el campo pendiente de solución. El Central obtiene habitualmente ganancias con estas operaciones a futuro, dado que con los u$s 50.000 millones de que dispone puede marcar el tipo de cambio al momento de su vencimiento. Debería reaccionar seriamente el gobierno y no dejar acrecentar esta minicrisis. Bien podría aprovechar y, por ejemplo, recomprar títulos públicos a bajo precio y detener esta sangría. Una señal simple, con bajo costo fiscal inicial y hasta eventual ganancia a futuro por la calma que generaría.
Silenciosamente, para frenar al dólar, el Banco Central está interviniendo más en el mercado a futuro. Así, no muestra pérdida de reservas, algo que retroalimentaría la fuga de capitales y la minicrisis que atraviesa la plaza local. ¿Cuánto tiene el Central comprometido a futuro? Imposible saber con exactitud porque el dato no se incluye en la información diaria sobre la variación de las reservas. Tampoco, el BCRA los tiene contabilizados. De todas maneras, con poco margen de error podría asegurarse que hay u$s 1.000 millones en la posición vendida a futuro de la entidad.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
A un año de plazo, en Nueva York el dólar se opera a $ 3,46. Hace menos de un mes, la cotización era de sólo $ 3,33, lo que refleja el mayor riesgo devaluatorio percibido en la plaza. La posición a futuro del BCRA no debería preocupar: con u$s 50.000 millones en reservas tiene la carta ganadora. En primer lugar las operaciones a plazo no se hacen contra entrega de divisas, sino que directamente se compensa la diferencia entre el precio pactado originalmente y el existente el día de vencimiento.
Habitualmente la estrategia del BCRA pasa por hacer descender el tipo de cambio al momento de las compensaciones, por lo que normalmente obtiene utilidades.
Paralelamente ahora están pactando transacciones a más largo plazo, las que tienen una cotización más elevada y eventualmente, si es que se logra mantener la paridad por debajo de $ 3,20, obtener una mayor utilidad.
Pero más allá de lo que suceda con las intervenciones oficiales, fue claramente perceptible una presión del público en la cotización de la divisa. Hasta el martes, si la había, no era muy significativa. Ayer lo fue. En lo que se denominan las operaciones «blue», en negro, y eludiendo disposiciones vigentes respecto a identificar compradores y montos máximos, el dólar se transó a $ 3,25. Es un valor récord en tres años para este informal mercado. Habitualmente participan del mismo quienes compran montos por un promedio de u$s 50.000 y estar posicionado en el billete norteamericano. En casas de cambio, cumpliendo con todos los requisitos, cerró a $ 3,21.
Otro particular mercado es el denominado en la jerga financiera «contado con liqui». Es también informal, pero en lugar de hacerse de billetes, quienes operan lo utilizan para eludir controles de cambios y girar dólares al exterior los que se acreditan en cuentas. Se operó ayer a $ 3,22. El precio está en función de la demanda existente para fugar capitales y de la oferta para ingresarlos. Los operadores de este mercado lo que hacen es cruzar comprador y vendedor, o bien, a quien quiere sacar divisas y a quien las quiere ingresar. Se elude a través de este mecanismo el tope existente a las transferencias al exterior impuesto desde que se abandonó la convertibilidad en 2002. Aún subsiste y por ende, también el artilugio en la plaza doméstica para birlarlo.
Dejá tu comentario