Un artículo publicado en el «Wall Street Journal» comenta la manipulación de los datos estadísticos oficiales en la Argentina y el riesgo que esto genera a los tenedores de deuda. Carmen Reinhart, economista de la Universidad de Maryland, y Kenneth Rogoff, economista de Harvard, aseguran que la posibilidad de que este tipo de economías emergentes vuelva a caer en default es mayor que lo que sugiere el consenso.
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Los optimistas dicen que los defaults de los países emergentes son cosa del pasado. El argumento explica que estos mercados dependen más de la emisión de deuda doméstica en moneda local, tanto indexada como no indexada. Esto significa que sus deudas son más estables y confiables que en el pasado, cuando una mayor participación de la deuda pública estaba emitida externamente y denominada en monedas duras.
El argumento es falso. En el pasado, la combinación de altos niveles de deuda doméstica y suba de la inflación ha probado ser la muerte de inversores tanto extranjeros como locales. Basta con mirar a la Argentina hoy, un país próspero por sus abundantes recursos naturales, que lo demuestra.
Buena parte de la deuda argentina está ya en default. ¿Cómo más podría llamarse al hecho de que un gobierno que debe más de $ 30 mil millones en deuda indexada por inflación manipule las estadísticasde su índice de precios al consumidor?
A través de medidas groseras (como echar a los responsables máximos de las estadísticas), el gobierno publica una tasa de inflación subestimada que es usada para calcular los pagos.
La inflación oficial en la Argentina en los últimos 12 meses se ubicó debajo de 10%, mientras que la tasa real, de acuerdo con fuentes neutrales, será al menos 30%.
Esto es algo que ya se hizo. Durante la segunda mitad de la década del 80, Brasil dejó sin efecto las cláusulas de indexación por inflación incluidas en sus contratos de deuda. En la gran depresión, el gobierno de EE.UU. revaluó el oro a u$s 35 por onza desde los u$s 20, justamente reescribiendo los contratos de los tenedores extranjeros de deuda.
Si los tenedores de deuda externa piensan que este abuso no debe causar alarma, deberían pensar de nuevo. Los gobernantes no suelen engañar a los deudores de un solo tipo de deuda. Las estadísticas del National Bureau of Economic Research muestran que muchos países impagan su deuda externa sólo un poco menos abiertamente que la deuda doméstica.
Durante el curso de la historia, las economías emergentes han tenido duros sacudones. Cada período de quietud fue invariablemente seguido por más confusión, con porcentajes de países en default que a veces superaron 40% de los de todo el mundo.
Considerando la presión de los bonistas alrededor del mundo, es sorprendente que los inversores privados y las instituciones financieras internacionales sean tan complacientes con el creciente riesgo de default de las deudas externas.
La mentalidad del «esta vez es diferente» está basada en dos errores. El primero es la idea de que la deuda doméstica es algo nuevo. El otro es la defectuosa lógica económica de que los pagos a los tenedores de deuda doméstica viene de una billetera diferente a la de los pagos de la deuda externa.
Hubo episodios en el pasado en los que el alza de los niveles de deuda doméstica hicieron subir rápidamente los riesgos a los tenedores de deuda externa.
Hay escasa evidencia de que los acreedores externos hayan estado más a salvo que los tenedores locales. Cuando India dejó de pagar su deuda doméstica a través de una inflación masiva y represión financiera a comienzos de 1970, los acreedores externos sufrieron la reprogramación de los pagos, aunque constituían una pequeñísima parte del total de la deuda.
Los mercados emergentes podrían estar en mayores problemas de lo que el optimismo del consenso sugiere.
Si el tímido crecimiento actual en EE.UU., Japón y Europa comienza a apoderarse de los mercados emergentes, los miserables tenedores de indexados de la Argentina tendrán compañía dentro de muy poco.
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