12 de septiembre 2003 - 00:00

EEUU ayer fue una fortaleza

Francisco - Ingresar hoy, al territorio de los Estados Unidos por cualquiera de las vías de acceso a ese país, es sentir la sensación de que se está ingresando a una verdadera fortaleza.

Nada es dejado al azar en los controles de seguridad, -en especial en los aeropuertos- donde el equipaje no sólo es revisado manualmente en los puertos extranjeros de embarque en los mostradores de check-in de las aerolíneas norteamericanas sino que en el primer puerto de entrada a los Estados Unidos, la rutina se repite con toda minuciosidad.

Ningún elemento escapa al control ni a la revisión. Personal profesionalmente entrenado, al comando de máquinas de altísima complejidad, inspeccionan el equipaje y las pertenencias personales de los viajeros una y otra vez.

En un primer paso mediante nuevos sistemas de alta precisión de rayos X por los que transitan maletines, computadoras, teléfonos celulares, abrigos, relojes y hasta el calzado; luego una segunda revisión se efectúa mediante el chequeo del equipaje, frotando sobre su superficie delgados paños que absorben información vinculada a posibles contactos con explosivos u otras sustancias peligrosas, que luego son testeados en sofisticadas máquinas que efectúan una profunda lectura de los elementos microscópicos que el paño absorbe; y caso de dudas o sospechas, se llega a una tercera revisión manual de todo el material.

• Advertencia

Lo mismo ocurre con la documentación de viaje, la que es analizada para verificar su autenticidad y vigencia, y el interrogatorio respecto de los motivos de la visita al país el tiempo que se espera permanecer en él, y la advertencia de no recibir encargos ni paquetes de extraños ni conocidos en cuya preparación y contenido no se haya participado; como tampoco descuidar ni sacar la vista del equipaje no despachado que permanece con el viajero.

Legiones de hombres y mujeres que conforman el personal de seguridad, y novísimas instalaciones para el cumplimiento de las medidas en ese campo, muestran a las claras la decisión política del gobierno del presidente Bush en esta materia. Sin embargo -justo es reconocerlo- cada uno de estos pasos es encarado por personal entrenado, no sólo en la pericia de su tarea sino también en ofrecer una sonrisa al viajero, y hacerle conocer que estos inconvenientes y molestias obedecen a razones que benefician su propia seguridad y la de los Estados Unidos.

Una vez adentro de la fortaleza, puede entenderse que estas medidas no sólo atienden a la preservación de la seguridad territorial interna en sí misma sino también a dar un mensaje claro a la propia sociedad americana, para que intente volver a creer -como en el pasado- que los Estados Unidos pueden aún constituir un país seguro en el cual vivir; sensación que se ha perdido desde el ataque terrorista del 11 de setiembre de 2001. Las primeras reacciones y sospechas en relación con los recientes apagones o accidentes sucedidos dan una muestra clara del alto grado de susceptibilidad en que se desenvuelve esta sociedad.

En lo que respecta a la sensaciones vividas en el día de ayer, 11 de setiembre, al conmemorarse el segundo aniversario de la tragedia del World Trade Center, y que pudieron leerse en los rostros y los corazones de los norteamericanos, las mismas son diversas y los sentimientos encontrados.

Desde la profunda tristeza, dolor, indignación y la impotencia que se reflejaron en los emocionados actos de conmemoración en el propio Ground Zero -en especial al pronunciarse los nombres de las víctimas-, como en otros homenajes realizados en diversos puntos del país, hasta la angustia generada por la difusión en la víspera del aniversario de un nuevo video de Bin Laden instando a las guerrillas iraquíes a «devorar a los americanos como el león devora a sus víctimas».

• Convivencia

La sociedad americana en particular, ha vivido ayer una jornada de sensaciones encontradas y la indignación por lo ocurrido hace dos años, ha tenido que convivir con las inquietudes que generan más de 287 soldados ya muertos en Irak, los 4.000 millones de dólares mensuales de costo operativo de las acciones, los 87.000 millones de dólares que el presidente reclama para nuevos gastos en el presupuesto en esta área, y la decisión de la Corte Federal a cargo del juez Alvin K. Hellerstein, de abrir el juicio por el reclamo indemnizatorio promovido por los familiares de las víctimas, que han demandado a las aerolíneas dueñas de los aviones secuestrados, la autoridad portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, y a los propietarios del World Trade Center.

Por su parte, en la primera ronda de debate para las elecciones presidenciales de 2004, los precandidatos demócratas han ido a fondo con sus críticas al presidente Bush y su política exterior en este campo.

Un día de luto para los Estados Unidos y la humanidad toda ha tenido lugar ayer; y a la vez un día con sentimientos encontrados en el seno de una sociedad que, habiéndose considerado inexpugnable, hoy se muestra sombría mientras se pregunta si realmente se encuentra más segura que el 11 de setiembre de 2001.

Dejá tu comentario

Te puede interesar