El Banco Central Europeo (BCE) subió su tasa de 2,15% a 2,40% este jueves. Es la primera vez que el organismo decide elevar los tipos de referencia de su política monetaria desde julio de 2023, producto de la fuerte suba en los precios que experimenta desde el inicio de la guerra en Medio Oriente.
En el comunicado oficial que acompañó la decisión, el banco central que preside Christine Lagarde explicó que "la guerra en Medio Oriente está generando presiones inflacionarias, y la decisión de subir los tipos de interés se mantiene firme en diversos escenarios que analizan cómo podría evolucionar la crisis y afectar a las perspectivas a medio plazo de la zona euro".
Por ese motivo, el BCE consideró que hacia delante "el panorama sigue siendo incierto, con riesgos al alza para la inflación y riesgos a la baja para el crecimiento económico".
Y agregó que "las consecuencias de la guerra para la inflación y el crecimiento a medio plazo dependerán de la intensidad y la duración del impacto en los precios de la energía, así como de la magnitud de sus efectos indirectos y de segunda ronda".
El BCE también rebajó su proyección de crecimiento económico para 2026 al 0,8%, desde el 0,9% de hace tres meses, y prevé un crecimiento de apenas 1,2% el próximo año, un indicio del desafío que tiene por delante: moderar la suba de la inflación sin frenar el ecrecimiento económico.
El fuerte aumento en los precios del petróleo y el gas contribuyó a que la inflación en la zona euro superara el 3% interanual el mes pasado, excediendo con creces el objetivo del 2% fijado por el BCE.
Fue la primera subida de tipos de interés por parte de uno de los principales bancos centrales a nivel mundial en respuesta a la crisis energética, y se produce una semana antes de que la Reserva Federal (Fed), el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra decidan sobre el rumbo de su política monetaria.
¿Fantasmas del pasado?
El economista del banco ING Carsten Brzeski argumentó que "el BCE está luchando contra fantasmas del pasado" e hizo referencia a "la reacción tardía al shock inflacionario de 2021 y 2022" producto de la pandemia de coronavirus primero y luego de la invasión rusa a Ucrania.
Explicó que en aquel momento "el BCE se aferró durante demasiado tiempo a la idea de que un repunte inflacionario provocado por perturbaciones de la oferta era 'transitorio' y podía ignorarse". E ironizó: "De no ser por la experiencia de 2022, 'transitorio' bien podría ser la etiqueta que se utilizara hoy".
Ese recuerdo es el que "impulsa ahora la presión para subir los tipos de interés", debido a que "el riesgo de no hacer nada y potencialmente quedarse rezagado es mayor que el riesgo de cualquier efecto adverso sobre el crecimiento derivado de unos tipos de interés más altos".
De todas maneras, Brzeski aclaró que "la comparación con ese período es errónea" y argumentó que en 2022 la inflación en la eurozona ya superaba el 4 % interanual cuando se produjo la crisis de los precios de la energía. Además, advirtió que de continuar elevando las tasas se incurre en el riesgo de repetir otro error del pasado: el de 2011.
En aquel entonces, "el BCE creía que la crisis de la deuda soberana europea había terminado y la inflación comenzaba a repuntar, solo para descubrir unos meses después que la economía de la eurozona estaba al borde de la deflación". Y concluyó: "Las subas tuvieron que revertirse rápidamente. Subestimar el impacto de un shock exógeno sobre el crecimiento ya ha ocurrido antes".