23 de abril 2008 - 00:00

El circulante creció 305% desde 2003

El circulante creció 305% desde 2003
La economía creció más de 40% desde 2003 y, por ende, era esperable que haya requerido mayor combustible monetario para funcionar, o sea, más cantidad de circulante en poder del público. Sin embargo, en el actual contexto de aceleración de la inflación, el nivel de monetización récord que ha alcanzado la economía comienza a preocupar. Más aún con la gimnasia inflacionaria de los argentinos que se exacerba en momentos de incertidumbre como la actual. Vale destacar que desde 2003 el circulante en poder del público creció 305%.

Para dimensionar la situación actual, sirve, quizás, la manera en que lo ilustró días atrás uno de los consultores más escuchados del mercado local: «¡Estamos parados sobre un volcán!», les dijo a sus principales clientes. Y les recomendó: «Es clave monitorear estos meses la demanda de dinero que es récord».

Sobre la base de datos del BCRA se estima que la proporción de circulante sobre el PBI se ubicó en marzo 2008 en 7,4%.

En la década del 70 el promedio fue de 3,8%, luego cayó a 2,3% entre 1980 y 1988. Claro que en dichos períodos la tasa promedio de inflación anual trepó a 133% y 286%, respectivamente.

También es ilustrativo observar el grado de monetización según los agregados monetarios M2 o medios de pago ( circulante de poder del público más depósitos a la vista en pesos públicos y privados) y M3 (M2 más el total de depósitos en pesos y dólares públicos y privados). Porque constituyen el poder de fuego de los agentes económicos a la hora de huir de la moneda.

  • Evolución

    En los 70 el ratio M2/PBI era de 13,2% y el de M3/PBI de 17,2% mientras que en los 80 -sin contemplar 1989- fue 5,6% y 14,8%, respectivamente. En la hiperinflación del 89 (3.080%) el nivel de circulante cayó a 1,6% del PBI, el M2 a 3,6% y el M3 a 11,6%. En el 90 con una inflación de 2.310% se agudizó el proceso de desmonetización a 1,4% del PBI, 3% de M2 y 4,8% de M3.

    Ahora el nivel de M2/PBI se elevó a 15,5% y el de M3 a 25,6% del PBI en marzo pasado según datos del Estudio Broda. Estos niveles son los que generan temor de solo imaginar que la población comience a desprenderse de sus saldos monetarios con mayor velocidad para defenderse del aumento de los precios.

    Por eso el diagnóstico del consenso de los economistas alerta por la aceleración de las expectativas inflacionarias de la población que hoy se ubican en torno de 30% anual cuando hace un año apenas superaban 18%, y todo en medio de una economía recalentada. Pero, en realidad, es la dinámica que ha adoptado la inflación lo que genera inquietud, fundamentalmente por el impacto sobre el tipo de cambio real, pilar del modelo kirchnerista.

    Debe tenerse en cuenta que con una inflación creciente surgen mayores presiones devaluatorias que terminan minando la demanda de dinero. Y no puede soslayarse que el comportamiento de la demanda de pesos depende de la tasa de interés local que debe superar a la tasa de devaluación esperada. Por ende, a mayor inflación mayor el riesgo devaluatorio. Hoy las bajas tasas de interés plantean un desfase que apunta a un dólar de más de $ 4,2 cuando nadie vislumbra que supere los $ 3,3.

    Con la experiencia hiperinflacionaria del país el actual contexo impone la necesidad de una política antiinflacionaria no meras amenazas, controles y regulaciones.

    De modo que de mantenerse el proceso de aceleración inflacionaria crece el riesgo de que se afecte la demanda de dinero con lo que el fuerte incremento de los agregados monetarios puede ser un problema. Más en un contexto donde las cantidades reales de dinero vienen cayendo desde el año pasado.
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