Sin ningún dato macro con que apuntalar el entusiasmo, y con los balances que arribaron antes de la apertura presentando un panorama entremezclado para los resultados empresariales (American Express, Xerox, Bell South, etc.), ya resultaba claro antes de que sonara la campana de largada que no sería una jornada demasiado "alcista". Tan sólo la merma que por ese entonces experimentaba el precio del petróleo permitía pensar que escapábamos a los furiosos vaivenes de la última semana y que no se repetiría algo como lo vivido el lunes anterior. Así, minutos antes de las 11, de la mano de los sorprendentes datos sobre la construcción (récord de unidades vendidas y la mayor suba porcentual en los precios desde fines de 1980) y cuando el crudo tocaba u$s 57,8 por barril, el Dow orillaba el máximo del día ganando 0,33% (el NASDAQ, 0,3%).
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De ahí en adelante, y salvo un descanso en la última hora que no merece ser definido como suba, los tres grandes índices se movieron hacia abajo quedando el Dow en 10.596,48 puntos (-0,51%) cuando sonaba la campana de cierre. Catalizador del cambio de orientación en los precios pudo haber sido, como argumentaron muchos, la escalada en el precio del petróleo, que finalizó la sesión en u$s 59 por barril. Otros, en lugar de apuntar al oro negro, prefirieron hablar del costo del dinero, que para los treasuries a 10 años cerró en 4,25% anual, habiendo tocado un mínimo debajo de 4,22% hacia el mediodía. Fuere cual fuere el motivo, tal vez lo más sorprendente fue el bajo volumen negociado, lo que es una clara señal de alerta.
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