El déficit actual es insostenible
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Incoherencia
En este contexto de total descontrol fiscal y cerca de la cesación de pagos, Cavallo sustenta sus nuevos anuncios como un intento de mejorar simultáneamente el consumo interno, la competitividad de la economía y el déficit en cuenta corriente. Si lo logra, será largamente merecedor del Premio Nobel de Economía por inventar la cuadratura del círculo y descubrir la pólvora por segunda vez en la historia de la humanidad. Veamos por qué su planteo es incoherente técnicamente e irresponsable para con el país.
Con su enfoque casuístico pretende promover simultáneamente el gasto interno de todos los sectores de la economía. Todos los días suma uno nuevo. Hasta el viernes 15 pasado era solamente la inversión. En su paquete más reciente ha incluido a los consumidores, con rebajas de los impuestos personales y desgravaciones de intereses. Un lego en mate-ria macroeconómica podría preguntarse: ¿cómo no se va a reactivar la economía si se promueve a todos los sectores simultáneamente? Respuesta sensata: ¡el problema es que está jugando a las «sillitas» musicales! Para que alguien se siente, otro se tiene que quedar parado. Sin posibilidad de financiar mayores déficit fiscales, para ponernos más plata en un bolsillo del pantalón, nos la tiene que sacar del otro. Las dosis crecientes de impuesto a las transacciones en cuenta corriente, el impuesto al gasoil y la restitución de las cargas patronales son claros ejemplos. Si el impacto fiscal es equilibrado, la reactivación de algunos será la quiebra de otros. ¿Es que no enseñan estas cosas en Harvard? Seguramente sí, el problema es que de vez en cuando tiene alumnos prodigio con dotes de político que les permiten ver mas allá de las restricciones humanas y de las leyes que gobiernan la física.
¿Qué es entonces lo que puede aumentar el gasto interno? En el corto plazo lo único que lo puede lograr, globalmente, es un aumento de los fondos provenientes del exterior. Durante una gran parte de la convertibilidad los ingresos de capitales externos excedieron largamente los pagos de intereses, dividendos y regalías. En términos netos, hubo un excedente enorme para alimentar la demanda interna. En 1997 ese excedente fue positivo en 4,7% del PBI, descendió a 4,4% en 1998, a 2,7% en 1999, a 0,3% en 2000 y en 2001 «pinta» para negativa en 2,9%. O sea que este año estamos pagando al exterior (por intereses, dividendos y regalías) $ 6.400 millones más de lo que del exterior entra a la Argentina (por préstamos e inversión directa) y de ahí que estemos por tercer año consecutivo en recesión. Mientras esta tendencia no se revierta, es imposible esperar una reactivación de la demanda interna, por más programas sectoriales que hagamos.
¿Se arregla el problema de competitividad con un «empalme» que implica en el mejor de los casos una devaluación de 7%? Hoy la Argentina es más cara en dólares que nunca en su historia; superando ya el momento de peor atraso cambiario de Martínez de Hoz de enero de 1981, los precios de nuestros commodities están en los mínimos niveles históricos, tenemos los peores indicadores externos del mundo emergente y el desempleo más alto de nuestra historia. El problema competitivo no es de 20%, como dice Cavallo, sino por lo menos 4 veces 20%. El problema más reciente del euro vino a acumularse por encima de los efectos de la devaluación de Brasil y del gran atraso cambiario del período '91/'94 generado por su irresponsable política fiscal cuando se aumentó espectacularmente el gasto público financiado con ingresos de capitales del exterior. El «empalme» es una gota en el mar frente al problema de competitividad que tenemos. Pero, además de no solucionar el problema competitivo, el «creativo empalme» tuvo el enorme costo de aumentar las posibilidades de una devaluación futura, lo que actuará perversamente sobre los ingresos de capitales del exterior, además de «tirarnos» en contra a todos nuestros socios comerciales del Mercosur (que cuanto antes desaparezca, mejor, para así poder abrir la economía en serio).
Inconsistencia
La única manera de conciliar equilibrio en cuenta corriente (hoy tenemos un déficit de más de 3% del PIB en el medio de una depresión económica) con crecimiento de la demanda inter-na es en un proceso de crecimiento liderado por las exportaciones. Pero para que las exportaciones crezcan significativamente es necesario ser competitivos, lo cual está muy lejos de arreglarse con un «empalme» de 7%. Hay entonces una inconsistencia insoslayable entre fortalecer el mercado interno y corregir el problema de competitividad de la economía argentina. Para recuperar la economía en el corto plazo a través del mercado interno, es necesario revertir el proceso de salida de capitales y agrandar el déficit en cuenta corriente, lo cual significa mantener o agrandar el atraso cambiario. Huelga decir que, aun cuando fuera posible atraer capitales en el corto plazo, sería reincidir en una estrategia insostenible basada en el endeudamiento externo que ha fracasado de manera rotunda a la luz de cómo estamos.
Implosión
En definitiva. La solución simultánea del problema fiscal y competitivo necesita de ajuste fiscal basado en reducción de gastos que acelere un ajuste del tipo de cambio real. Si esto se hiciera, tendríamos primero una grosera profundización de la recesión y después vendría la etapa de una recuperación económica más sostenible, asentada en el crecimiento exportador (el cual seguramente necesita de más apertura y devaluación). La estrategia de Cavallo no corrige el problema competitivo ni es capaz de generar (aunque sea por un tiempo) una reversión de los capitales externos. En este contexto un déficit fiscal enorme que no encuentra financiamiento externo continuará presionando a la baja el crédito al sector privado o debilitará las reservas del sistema financiero. En un caso significa la implosión del sector privado. En el otro una crisis financiera a plazo fijo.
Es tiempo de que nos demos cuenta de que el mago heterodoxo agotó su repertorio y nos dejó con la boca abierta, cosa que no ocurrió porque vimos salir un precioso conejito de la galera sino porque apareció Freddy Krueger diciendo que nos quiere dar el beso de las buenas noches.




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