21 de mayo 2008 - 00:00

El economista del mes: ''La competitividad se evaporará en dos años''

En la tradicional entrega de «El economista del mes», en esta oportunidad el análisis de cuanto sucede en el país recayó en Hernán Hirsch. Surgido del semillero del estudio Broda, y ahora titular de RSH Macroeconomía, Hirsch analiza en detalle los peligros que vienen de la mano de la alta inflación. Lo positivo: destaca que las variables macro lucen aún muy sólidas y el gobierno todavía tiene «un importante margen para impulsar el relanzamiento del modelo económico».

El economista del mes: La competitividad se evaporará en dos años
1 ¿Cuál es el principal riesgo que enfrenta el país?

Tras un ciclo económico inédito, que ya lleva 22 trimestres de crecimiento consecutivo a 9% anual con mejora generalizada de los indicadores económicos y sociales (por lo menos hasta mediados de 2007), el fuerte incremento de la inflación comenzó a sembrar dudas sobre la sustentabilidad del modelo productivo y, en consecuencia, sobre todas las decisiones de consumo e inversión tomadas en la Argentina. En este contexto, el principal interrogante a futuro es qué hará el gobierno.

En la medida en que la demanda nominal continúe creciendo por encima de 30%, el proceso inflacionario actual no se frenará. Para lograr una reducción de la inflación, con una demanda creciendo a dicha tasa, la producción debería expandirse al menos 15%, lo cual es imposible que suceda.En la actualidad, la economía más dinámica del mundo, China, está creciendo entre 10 y 11%, y esto obedece a factores que hoy no se repiten en casi ningún lugar del mundo: una tasa de inversión inédita (de alrededor de 40% del PBI), un stock de capital bajo y una gran oferta de mano de obra disponible a costo marginal prácticamente nulo (lo cual también le permite mantener dicha tasa de inversión).

Por ende, en la medida en que la demanda no se modere, la inflación continuará siendo elevada. Esto aumentará las expectativas y generará un proceso de apreciación del tipo de cambio real. Así, en un escenario de precios como el actual, la mejora de la competitividad cambiaria lograda a partir de la salida de la convertibilidad podría evaporarse totalmente en poco menos de dos años, provocando efectos no deseados sobre la dinámica de la actividad productiva y del mercado de capitales doméstico.

2 El actual modelo, entonces, ¿no es sustentable?

De no revertirse la tendencia explicada, aumentará la incertidumbre sobre la sustentabilidad debido a que se irán reduciendo los superávits gemelos.

En cuanto al superávit externo, con un dólar más bajo (en términos reales) aumentarán más las compras de los bienes y servicios importados, con lo cual de no mediar una mejora de las exportaciones, se producirá un deterioro del superávit externo. Para el superávit fiscal, con un tipo de cambio real menor se reducirá la posibilidad de mantener el esquema vigente de retenciones sobre las exportaciones. Ante un deterioro de la competitividad y la rentabilidad del sector exportador, el gobierno podría verse obligado

a impulsar una reducción en la alícuota de este tributo. En la actualidad, las retenciones representan 4,1% del PBI, frente a un superávit fiscal que seguramente será este año de 2% en el caso del Sector Público Nacional (superávit primario de 3,8% del PBI). Por ende, un peso más apreciado podría provocar una reducción de lo recaudado por retenciones, generando un debilitamiento en la sólida posición fiscal que ostenta en la actualidad el gobierno nacional.

3 ¿Cómo afecta la inflación a la producción y a la inversión?

Se irá debilitando la dinámica productiva actual. Mientras que la inflación no disminuya y el tipo de cambio real se vaya apreciando, los agentes económicos comenzarán a revisar negativamente sus decisiones de consumo, producción e inversión. Una elevada tasa de inflación provocará un deterioro en el ingreso real de las familias. Esto desacelerará la demanda de bienes y servicios, comportamiento que de prolongarse en el tiempo podría dar lugar a un marcado enfriamiento no deseado del consumo privado.

Paralelamente, una pérdida de competitividad abaratará los productos importados, lo cual tendrá efectos más significativos. Por un lado, este proceso hará que las familias y empresas destinen una mayor proporción de sus ingresos a la compra de bienes y servicios del exterior desalentando la producción doméstica. Por el otro lado, aumentará la competencia de los bienes importados y ello reducirá los estímulos que tienen los empresarios para producir e invertir más localmente, con lo cual las empresas crecerán menos y la creación de empleo local será menor. Así, estos dos temas reducirán los efectos multiplicadores del gasto doméstico sobre la producción interna. A su vez, estos comportamientos podrían acentuarse en la medida en que el problema inflacionario no sea resuelto y ello genere el temor a un cambio de políticaeconómica y de precios relativos a futuro, donde el dólar podría volver a convertirse en un ancla antiinflacionaria.

4 ¿Continuará la tendencia de refugiarse en el dólar?

En un escenario de inflación elevada y de pérdida de competitividad, aumentará la expectativa de devaluación del peso, dado que el gobierno tiene incentivos claros para impulsar un reajuste cambiario. Así, el temor de un reajuste del tipo de cambio hará que las familias y las empresas aumenten su demanda de dólares y reduzcan su tenencia de depósitos y bonos domésticos, generando una presión alcista sobre las tasas de interés locales y el valor del dólar.

Además, como consecuencia de esta menor demanda de depósitos y bonos, se verá afectado el crecimiento de la oferta de préstamos hacia el sector privado y el sector público. Naturalmente, la menor expansión de la oferta crediticia restringirá aún más las posibilidades de invertir del sector privado -aun cuando el BCRA intervenga contracíclicamentey al mismo tiempo le hará más difícil al gobierno cubrir los abultados vencimientos de deuda que comienzan a operar a partir de 2009. Bajo este escenario podría ocurrir que si el gobierno no lograra reacceder al mercado voluntario de deuda, se vea afectada la dinámica del mercado de capitales observada durante los últimos años, en la cual la política de desendeudamiento del gobierno financió la expansión del crédito al sector privado (explicó el 40% de dicho crecimiento) y facilitó la política de esterilización del BCRA. En este caso, podría reducirse la oferta de préstamos al sector privado, verse comprometida la política de esterilización del BCRA y aumentar la presión alcista sobre las tasas de interés locales.

5 ¿Qué medidas tomará el gobierno?

En la medida en que las familias y las empresas perciban que el problema inflacionario no está resuelto o encaminado, el aumento de la incertidumbre doméstica irá imponiendo lentamente un escenario en el cual al gobierno se le presentará el dilema entre optar por profundizar el esquema de política actual y relanzar la política económica vigente (sin cambio de modelo).

En la profundización del esquema de política actual, aun cuando la oferta de producción doméstica pudiera continuar creciendo a 9% anual, lo cual luce poco probable en un contexto de mayor uso de los factores productivos, la continuidad de la política de estímulo hará que la demanda crezca a 30% (o más). Esto seguirá dando como resultado un mix de más inflación e importaciones y, consecuentemente, una apreciación del tipo de cambio real y una pérdida de competitividad de la economía.

En esta dinámica, la lógica de política de precios vigente conllevaría un nivel de intervencióncreciente con riesgode contracción de la demanda de inversión física y financiera, pérdida de la productividad y deterioro de la tasa de crecimiento. En este caso, como las presiones inflacionarias no cederán, el tipo de cambio real continuará su tendencia declinante. Esto irá afectando negativamente las decisiones de consumo, producción e inversión de las familias y empresas. Así, bajo este escenario, la economía podría converger hacia un equilibrio macroeconómico cada vez más precario e inestable, con minicrisis cambiarias cada vez más recurrentes.

6 ¿Qué sucederá si no hay cambios?

Puede haber un relanzamiento de la política económica vigente (sin cambio de modelo). La decisión de relanzar el modelo productivo implicaría adoptar políticas que apunten a preservar un tipo de cambio real competitivo (aunque acorde con una situación de más empleo que el observado entre 2003 y 2005) y así revertir el deterioro de las expectativas domésticas, para lo cual se requeriría lograr una reducción duradera de la inflación y de las expectativas inflacionarias. En lo concreto, ello implicaría impulsar un mix de políticas, tal como el que aplica la mayoría de los países del mundo ( aunque adaptado) que apunte a lograr una reducción duradera de la tasa de inflación y, fundamentalmente, un quiebre en las expectativas inflacionarias. Este mix debería incluir primeramente una serie de anuncios y compromisos de parte del gobierno que resulten creíbles, de forma tal de coordinar a los agentes económicos para que comiencen a tomar decisiones económicas de precios y salarios sobre la base de una pauta inflacionaria descendente y compatible con una trayectoria de tipo de cambio real competitivo. También debería haber una moderación en el mix de políticas de demanda, haciendo más hincapié en la política fiscal, lo cual a su vez le otorgará una mayor credibilidad a la política antiinflacionaria del gobierno y hará más fácil la desaceleración de los precios. En segundo lugar, una política económica de mayor estímulo de la inversión, generando condiciones propicias para la inversión en activos físicos y financieros, para así poder consolidar una tasa elevada de crecimiento de la economía.

7 ¿Los datos macro siguen siendo sólidos como dice el gobierno?

Pese al deterioro del escenario macroeconómico y al marcado incremento de la incertidumbre doméstica, los fundamentals económicos todavía lucen muy sólidos. Los superávits gemelos son elevados (fiscal y de cuenta corriente de 2,0% y 2,1% del PBI, respectivamente), el stock de reservas del BCRA es importante (u$s 50.000 M), la tasa de inversión es alta en términos históricos (23% del PBI) y el contexto de precios internacionales sigue siendo favorable. Esto, junto a la inexistencia de un cronograma electoral exigente que pueda marcar los tiempos económicos en lo que resta del año, le otorga al gobierno un importante margen para impulsar un relanzamiento del modelo económico.

8 ¿Contribuye el anuncio de un pacto social?

Circulan versiones de que el gobierno avanzará en la construcción de un pacto social, a través del cual se convocará a amplios sectores de la sociedad, lo que constituye una oportunidad política importante. En este caso, si la actual administración avanzara en un pacto social que fuera algo más que un mero acuerdo de precios y salarios, que incluyera un conjunto de políticas que apunten a consolidar el modelo económico actual y le permita lograr una reducción duradera de la tasa de inflación, esta apuesta le facilitaría salir del problema coyuntural de precios actual. Con esto podría reconquistar credibilidad y recuperar la iniciativa en materia económica y política. De esta forma, al gobierno le quedaría el camino allanado para volver a trabajar y debatir con más libertad los problemas del largo plazo. Estos son los temas que tienen que ver con el crecimiento y el desarrollo económico, y la distribución del ingreso y la erradicación de la pobreza.

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