Con la celebración del Día del Presidente, hoy debería ser un día de descanso para el mercado. Si bien se puede decir que no se cursarán órdenes (como siempre, Londres, Tokio y algunos de los sistemas alternativos pueden proporcionar alguna señal), esto no significa que sea una jornada de sosiego. Es cierto que la sesión del viernes, cuando el Dow trepó 2,05% para cerrar en 7.908,8 puntos, marcó la mayor suba desde el 6 de enero pasado, pero no porque las cosas hayan mejorado realmente. La de enero se podría llamar una "rueda perfecta": buenos reportes contables, apuestas a que el efecto enero regalaría lo suyo, rumores sobre un paquete de protección especial para el sector telefónico y el mercado aguardando a que, en horas, el presidente Bush anunciara la eliminación del impuesto a los dividendos (nada que ver con la guerra). La mejora del viernes, en cambio, tuvo sustento en un solo argumento: la sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas alejaba lo que se consideraba un inminente ataque sobre Irak. Es cierto que una y otra vez el mercado bursátil se ha comportado como si estuviese favoreciendo una solución pacífica en el Golfo Pérsico (sube cuando se aleja la contienda militar y viceversa), y que este tema ha ido desplazando a todos los demás en la preocupación de los inversores. También es cierto que las multitudinarias manifestaciones en contra de la guerra que se celebraron durante el fin de semana a favor de la paz pueden darnos la impresión de que el asunto ha concluido. Pero lo cierto es que en los próximos días veremos a la administración Bush aplicando todo "el músculo" que tiene para imponer su posición, y al mercado bailando con este son.
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