La decisión de elevar la jubilación mínima a $ 350 fue precipitada por el propio Roberto Lavagna, porque en la cartera de su par de Trabajo se analizaban distintas alternativas, con un sesgo más equitativo.
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Sin embargo, parece que el gobierno, sin ocultar sus objetivos electoralistas, ha priorizado el derrame de parte de los ahorros fiscales en los sectores de menores ingresos, que precisamente son los de mayor propensión a consumir lo que tienen. O sea, es la población que garantiza que todo incremento de sus ingresos será gastado en el acto. Esto constituye un seguro para los objetivos oficiales de potenciar la demanda interna y sostener el nivel de actividad.
Sería difícil esperar que algún político critique un aumento de las jubilaciones mínimas. Ninguno tampoco confesará lo injusto de la política oficial que afecta ahora a 33% de los jubilados, sobre todo a aquellos que están con sus haberes postergados, que han aportado por encima de lo que hoy perciben y que cada vez están más cerca de la jubilación mínima, por los constantes aumentos de esta última. Al elevarla a $ 350, la proporción de beneficiarios que ahora cobrarán el haber mínimo asciende a 67% del total de jubilados y pensionados del régimen estatal de reparto, cuando un año atrás era 50% e históricamente se ubicaba entre 25% y 35%. Es decir que cada vez más jubilados cobran la mínima. ¿Es eso justicia distributiva?
Por eso resulta complicado entender, más allá de las apetencias electorales, la estrategia del gobierno que, además de poner en igualdad a toda la clase pasiva, posterga nuevamente la recomposición de haberes de los segmentos medios. Dichos jubilados son quienes anualmente demandan judicialmente al Estado -a razón de 10.000 casos-.
Hay serios argumentos para justificar la recomposición de estos haberes y sólo uno para no hacerlo: presupuesto escaso.
• Olvido
De modo tal que sería interesante escuchar los argumentos oficiales de falta de presupuesto cuando mes a mes la Tesorería bate récords de recaudación tributaria y de superávit primarios. Es decir, plata hay, y cuando deciden cómo distribuirla, curiosamente se olvidan de derramar algo de la bonanza fiscal entre aquellos que aportaron durante toda su vida para cobrar más que la mínima y hoy no ven una diferencia sustancial con el nuevo haber mínimo.
Cabe señalar que al elevarse el salario mínimo vital y móvil, ello impacta en la jubilación mínima, pero esto no justifica que gran parte de la población pasiva haya quedado rezagada y postergada sin horizonte plausible.
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