15 de mayo 2003 - 00:00

Empresarios: preocupación por discurso y obvio apoyo inicial

Una previsible preocupación causó entre los empresarios el discurso de Néstor Kirchner ayer en el Hotel Panamericano, en el que de algún modo confirmó algunos de los peores temores que se tienen en el sector, en función de su constante resistencia a mantener contactos con las entidades representativas de los hombres de negocios.

Las reacciones fueron -en estricto «off the record»- desde frases como «es un discurso propio más de los años sesenta que de los setenta» a «no nos damos por aludidos por sus imputaciones» o «es un poco temprano todavía para alarmarse». Para el registro, dirigentes empresarios pidieron calma, prometieron apoyo a la futura administración y aseguraron que el diá-logo todo lo puede.

Lo que más preocupó, claramente, es que el discurso de Kirchner fue leído (no improvisado) y dicho en conocimiento de que asumiría la máxima magistratura el 25 de mayo próximo. En otras palabras: no se trató de un discurso de barricada, dicho al calor de la campaña electoral, ni el «speech» de un candidato sino el de un presidente electo, aunque no parecieran esos los tiempos de Kirchner.

«Mire: hemos escuchado muchos de estos discursos en el pasado. Sin ir más lejos, recuerde aquéllo de la 'revolución productiva y el salariazo'; una cosa son los discursos y otra la gestión.A este gobierno habrá que juzgarlo después de que empiece a caminar»,
dijo un alto funcionario de uno de los principales grupos nacionales. «Nosotros estamos en varios países de América latina, y estamos acostumbrados a escuchar cosas como ésas, y peores, pero después prima la cordura».

Los párrafos que más preocuparon al empresariado fueron en los que Kirchner aludió a que la renuncia de Carlos Menem era «absolutamente funcional a los intereses de los grupos económicos que se beneficiaron con privilegios inadmisibles durante la década pasada. Esos sectores corrompieron a la política y Menem, al renunciar, quiere mostrar que habrá un gobierno frágil para que así se le pueda imponer una continuidad de las políticas de los '90. No llegué hasta acá para pactar con el pasado; no voy a ser presa de las corporaciones».

• Apoyo

La Unión Industrial Argentina (UIA) se apresuró a declarar su apoyo al presidente electo en un comunicado, que agrega que «cuenta con absoluto respaldo y legitimidad para avanzar en las propuestas que expresara durante su candidatura». Esperanzada, la central industrial agrega que «ya se ha superado lo peor de la crisis; el país está en condiciones de retomar la senda del crecimiento». Poco después Héctor Méndez, vice-presidente de la UIA, dijo a este diario -en ausencia del titular de la entidad, Alberto Alvarez Gaiani-que «apostamos a buscar consenso, para dotar a este gobierno de fortaleza; debemos tratar de superar nuestras diferencias, porque gobiernos débiles hemos tenido muchos en los últimos años, y así nos fue».

Otros fueron menos diplomáticos, pero con Menem: la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa dijo que su decisión «pone a los argentinos frente a un nuevo desprecio a las reglas del sistema democrático y agrava la situación de fragilidad que aqueja a todas nuestras instituciones desde hace tiempo».

Una voz discordante con la preocupación general fue la de
Carlos Heller, presidente de Abappra (bancos nacionales y públicos), quien no ocultó su satisfacción por la designación de Kirchner como titular del Ejecutivo. «Habrá que juzgarlo por sus actos de gobierno, no por sus discursos. Pero está claro que la gente hoy quiere que el Estado tenga más protagonismo en las cuestiones sociales, y Kirchner -si quiere tener éxito-deberá interpretar este reclamo.» El gerente general del Banco Credicoop agregó que «la Argentina debe ir hacia un sistema financiero más cercano a un servicio social que a una actividad meramente mercantil. Que apoye el crecimiento, las PyMEs, las economías regionales... Espero que Kirchner lo entienda así».

Otro banquero, Miguel Kiguel -presidente del Coloquio de IDEA y director del Hipotecario- dijo algo bastante diferente: «El próximo gobierno andará bien si mantiene la actual política de equilibrio fiscal y monetario, pero me da la impresión que en cuestiones de políticas regulatorias y de integración comercial con el mundo estará un paso atrás de lo hecho en la década del noventa».

En cambio, en una empresa de consumo masivo -y pidiendo estricta confidencialidadfueron bastante menos delicados: «Es poco menos que un retorno a la dialéctica de los años sesenta. Estamos muy, muy preocupados por el futuro del país frente a un discurso de semejante tono. ¿Inversiones? ¿Quién puede estar pensando hoy en inversiones, seriamente?».

Desde una privatizada, en cambio, eligieron la mesura y la cautela:
«No nos parece que el discurso se refiera a nosotros, ni mucho menos. Nuestro grupo invirtió mucho más de lo que ganó en la última década». La fuente agregó que, en su opinión, «podría tratarse de un mensaje para todos los sectores que tienen algún reclamo que hacer: 'No vengan a hacer cola en la Casa Rosada el 26 de mayo, porque no voy a atenderlos. ¿Quiénes tienen reclamos? Todos: las privatizadas por las tarifas, las industrias por la deuda, el agro por las retenciones... Por eso, asustarse todavía es prematuro'.

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