Podemos prendernos a la idea general y echarle la culpa a Alan Greenspan y sus compañeros de la Reserva Federal, por el derrumbe que tuvieron en la víspera las acciones norteamericanas. Si bien la baja del Promedio Industrial podría sugerir otra cosa -ya que apenas estamos hablando de una merma de 0,92% que lo llevó a quedar en 10.630,78 puntos- 2,06% que perdió el NASDAQ, junto a las más de 1.700 millones de acciones operadas en el mercado tradicional y las casi 2.700 del electrónico permiten (volúmenes muy por encima de lo habitual), aunado a que la de ayer es la cuarta sesión consecutiva en que los tres principales índices quedan del lado perdedor, hacen que la palabra "derrumbe" tenga un sentido apropiado. Si bien el lenguaje que empleó el Comité Abierto de la Reserva Federal en su última minuta (correspondiente a la reunión del 14 del mes pasado) fue tan arcano como es habitual, pareció que ayer los inversores le hicieron caso omiso a los aspectos positivos para concentrarse en los negativos. Claro que es posible que más que a los banqueros, a lo que prestaron atención los inversores fue al salto de 4,3% en el precio del petróleo que trepó a u$s 43,91 por barril. Curiosamente, el dólar siguió fortaleciéndose y ganando 1%, alcanzó valores no vistos desde mediados de diciembre en u$s 1,327 por euro, aunque es posible que en esto algo tuviera que ver la escalada de la tasa de los treasuries a 4,28 por ciento (tras tocar 4,3%). Todavía es demasiado pronto para asegurar que estamos ante un cambio de la tendencia vista en los últimos meses, pero tampoco podemos afirmar que sigamos transitando por el mismo camino alcista.
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