20 de abril 2020 - 00:00

La Fed instaló la calma pero la pulseada continúa

Remontó la cuesta en la Bolsa desde los mínimos del 23 de marzo y rescató a los bonos de su Dunquerque. Sin embargo, la manta es corta. Y la crisis, de varias plazas.

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Wall Street suma y sigue. El S&P 500 trepó 3% en la semana y el rally avanzó ya 31% desde los mínimos del 23 de marzo. ¿La bonanza echó raíces? La Fed, esta vez, no jugó un papel protagónico. Apenas si engrosó su balance en 228 mil millones de dólares con la rutina de adquirir bonos del Tesoro y agencias federales por 223 mil millones, y una leve merma de su cartera de repos. El pulso de su intervención se desacelera. En el último mes, el crédito primario del banco central subió 2 billones de dólares y flamea en un nivel récord: 6,3 billones.

Las compras de bonos diarias con propósito de expansión cuantitativa (QE) se recortarán esta semana a la mitad: 15 mil millones de dólares. Como prestamista de última instancia, la Fed podría comenzar a gestionar un subsidio de desempleo. En la ventanilla de redescuentos nadie le tocó el timbre. Los fondos de money market cancelaron asistencia por 1800 millones de dólares. Sólo se incrementó el fondeo a los dealers primarios por 2900 millones. Volvió el canal de luz verde. Nada que declarar. También se sació el apetito por dólares en el mundo. El stock de swaps –que se generó con la crisis– se ubica en 393 mil millones, y la demanda esta semana requirió menos de 7700 millones. Calma chicha. ¿Será prólogo de la tempestad?

Los balances de los bancos de primera línea soportaron muy bien el efecto impacto del Covid-19. Se estrenó una recesión más profunda que la Gran Recesión de 2007-2009, es un choque frontal más severo que la Gran Depresión, la devastación se asemeja a otro huracán Katrina, sólo que en vez de arrasar Nueva Orleans asola a todo el mundo y no suelta a su presa. Sin embargo, no se trata de una crisis bancaria. Y Wall Street está cómoda con un rally en curso y las espaldas bien cuidadas en plena pandemia.

La pregunta obligada es otra. ¿Cuánto más podrá seguir así? Nadie ignora que se destruyeron 22 millones de empleos –un millón menos que todos los creados en la década de expansión– y que aún no se cerró el marcador, y… ¿esto es todo? ¿No le caerá ninguna factura adicional a los mercados financieros? Jay Powell predica el credo de una robusta recuperación, pero la realidad promete ser más esquiva. Los mismos bancos ya citados multiplicaron por cinco las provisiones para atajar posibles quebrantos. JPMorgan, por ejemplo, aumentó sus reservas en 6,8 mil millones de dólares y las llevó a 8,3 mil millones ante la perspectiva de un alud de créditos dañados. ¿Qué debería hacer Wall Street? Si se mira la acción del banco, trepó 23% desde los mínimos, un repunte notable aunque a la zaga del 31% del S&P 500. ¿Y si la situación urge tomar más recaudos? En los escenarios de estrés, en el caso extremo de una caída de 35% del PBI en los EE.UU. en el segundo trimestre, sin recuperación ulterior, con una tasa de desempleo de 14% (probablemente exceda 20%), el banco seguiría siendo rentable y mantendría un ratio de capital Tier 1 de 9,5%. Si se compara con 2008/2009 es el día y la noche.

¿Habremos visto lo peor acaso? Goldman Sachs decía que no, pero cambió de opinión. Larry Fink, de BlackRock, otro tanto. Se desempolvó el lema de siempre: no pelear con la Fed. ¿Y el precepto ad hoc de que el banco central no cura el coronavirus, o que poco puede hacer contra un shock de oferta? Archívense. No por falsos, se rindieron a la tozudez del rally. La Fed, ¿ganó la pulseada? Remontó la cuesta en la Bolsa y rescató a los bonos de su Dunquerque. Cuando Ford emite bonos, aún a tasas que orillan el 10%, los banqueros respiran aliviados. La automotriz les activó líneas de crédito prepactadas por 15 mil millones de dólares en la emergencia. Gracias al respaldo de la Fed a los “ángeles caídos”, Ford obtuvo el fondeo sustituto en los mercados, y ellos se ahorrarán más provisiones. Sin embargo, la manta es corta. Y la crisis, de varias plazas. Salir indemne es imposible. Así, los veteranos de mil batallas –como Paul Singer o Mark Mobius, buitres o no- confían en sus instintos. Tercos, los hedge funds mantienen la pulseada con la Fed. Más avanza el rally, más apuestan en contra. Esta semana su posición corta en Chicago trepó 55%, y es la mayor desde febrero de 2016. ¿Qué los incita? La convicción de que esta vez no será diferente. Y que volveremos a sentir el abrazo del oso. Con cuarentenas en modo relajamiento y abundante cash disponible, más el compromiso firme de la Fed, los osos necesitarán una ayuda externa –las quiebras que se demoran, o de vuelta el virus– para no caer en su propia trampa.

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