Francfort (DPA) - Para un banco inversor estadounidense detrás del otro, está sonando la campanada final en Wall Street. «El modelo norteamericano del banco de inversiones puro está muerto», afirman muchos expertos. En cambio, el negocio clásico de los clientes privados vive un renacimiento.
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Los bancos como Deutsche Bank o Bank of America se encuentran en alza entre los expertos en vista de los cambios radicales históricos ocasionados por la crisis financiera. «El futuro pertenece a ese modelo mixto», afirma el especialista en bancos Martin Faust, de la Frankfurt School of Finance.
Hasta el año pasado, esto era distinto. Con envidia, el sector observaba las ganancias impactantes de los bancos de inversión, desde Goldman Sachs hasta Bear Stearns. Los bancos de inversión, activos sobre todo en el comercio de títulos y en operaciones en Bolsa y fusiones eran considerados «el corazón de Wall Street» hasta el infarto de la tradicional casa Lehman Brothers, fundada hace 158 años por inmigrantes alemanes en Estados Unidos, y la operación de emergencia para Merrill Lynch en el « lunes negro» de esta semana. De los hasta hace poco cinco bancos de inversión independientes, ahora sólo quedan Goldman Sachs y Morgan Stanley. La principal diferencia entre estas empresas especiales y los bancos «usuales» es que no tienen filiales con cuentas corrientes para cualquiera. Obtienen el dinero para sus negocios directamente de los mercados financieros y de clientes en general muy adinerados de la liga de los millonarios. Por eso asumen riesgos mayores y son menos controlados. Hasta la crisis crediticia, todo iba sobre rieles, pero con los títulos cada vez más complejos relacionados con el boom inmobiliario estadounidense, la mayoría especuló de más.
Si bien muchos bancos globales entraron masivamente en crisis en el mundo, los agujeros millonarios no les quebraron la nuca por su base más amplia de capital y negocios. Las redes de sucursales generan, en promedio, ganancias menores, pero mucho más seguras debido a los menores riesgos.
Tomando como ejemplo a Alemania, los grandes bancos lograron bajo fuerte presión ampliar su negocio de clientes privados: el líder del sector, el Deutsche Bank, acaba de ingresar en el Postbank después de adquirir el Berliner Bank y Norisbank en 2006.
Para el Deutsche Bank, el sector de «investbanking» fue durante mucho tiempo el mayor generador de ganancias. Se cuenta en todo el mundo entre los jugadores clave en este sector. Sin embargo, en el primer pico de la crisis financiera en otoño (boreal) de 2007 los clientes privados aportaron por primera vez después de años más a los resultados de la empresa que el «investbanking».
Incansablemente, la canciller, Angela Merkel; el presidente del Bundesbank (banco central alemán), Axel Weber; y el ministro de Finanzas de Alemania, Peer Steinbrück, subrayaron que justamente en la crisis, el sistema de bancos universales había demostrado ser estable.
Los últimos dos mohicanos, Goldman Sachs y Morgan Stanley, no creen que su tipo de banco esté por extinguirse. «Lo decisivo no es el modelo de negocios, sino el éxito», dice el jefe de Finanzas de Goldman, David Viniar. Los números positivos de su banco le dan por ahora la razón: si bien Goldman registró una caída en las ganancias, logró atravesar la crisis sin pérdidas trimestrales y con amortizaciones más bien bajas por la crisis. Cuando le preguntan sobre la caída de sus pares del sector, contesta lapidario: «Cuanto menos competencia, mejor para nosotros».
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