Alberto intentará que el FMI le descuente dinero que Macri usó para contener el dólar

Economía

Alberto Fernández quiere que el Fondo Monetario Internacional (FMI) revise el período entre abril y agosto de 2019, en el que el organismo otorgó dólares provenientes del préstamo stand by (destinados a pagar deuda y cumplir compromisos de vencimientos en divisas) para ejecutar política cambiaria durante el Gobierno de Mauricio Macri. El objetivo es que se revisen los giros de dinero en este período, que se observen como divisas que no deberían haber tenido el destino que le dio la gestión macrista y que el FMI asuma como un error propio el haber habilitado esta operación con los dólares provenientes del acuerdo que se había firmado en junio del 2018. En total, calcula el oficialismo, las divisas que tuvieron el destino de sostener el tipo de cambio durante la campaña electoral anterior a las PASO de agosto de 2019 (perdidosas para el entonces oficialismo) podrían rondar los u$s3.000 millones, los que se habrían volcado al mercado cambiario para sostener el valor de la divisa. Durante ese período, y a fuerza de ventas, el dólar se mantuvo cerca de los $46 y llegó a los $60 luego de las PASO del 11 de agosto. El Presidente le mencionó estos movimientos financieros y cambiarios ejecutados durante el gobierno de Macri a la titular del FMI, Kristalina Georgieva, en el encuentro que ambos mantuvieron en Roma, y los calificó de ilegales y violatorios del estatuto del propio FMI; con los que deberían ser revisados por el organismo y el país liberado del compromiso de cumplir con los pagos del capital e intereses correspondientes a esas operaciones.

Alberto Fernández expuso como argumento a su favor que él personalmente mencionó explícitamente las irregularidades de estos movimientos cambiarios en un encuentro de mayo de 2019 en Buenos Aires al entonces director gerente para el Hemisferio Occidental, el mexicano/argentino Alejandro Werner, en su visita para fiscalizar la marcha del stand by. Werner en persona llegó al país para encontrarse con la oposición y conocer en directo la visión que el kirchnerismo mantenía sobre el futuro del acuerdo con el Fondo firmado en los tiempos de Macri, y qué actitud tomaría en el caso que el oficialismo perdiera las elecciones. Lo que obviamente sucedió. El enviado del kirchnerismo fue Alberto Fernández, a horas de ser encumbrado el candidato opositor a disputarle la presidencia a Macri. En ese encuentro el hoy Presidente le mencionó la irregularidad del permiso del FMI para que la gestión anterior utilizara dólares para contener la divisa en plena campaña, lo que le daba además ventajas electorales al macrismo. El ahora Presidente volvió sobre el tema el viernes pasado en Roma; insistiendo ante su interlocutora que la operación era ilegal, y como tal, cuestionable en su pago.

El período a investigar comienza el último fin de semana de abril de 2019, cuando Macri decidió jugarse una carta guardada para tiempos de zozobra: utilizar la línea roja con Donald Trump para que este le libere fondos de las reservas de EE.UU. para ejecutar política monetaria interna. Trump le aclaró que eso era imposible, ya que necesitaba una improbable aprobación del Congreso norteamericano, donde el presidente de ese país ya tenía problemas para aprobar sus propias iniciativas. Trump consultó por qué no canalizaba la inquietud dentro del FMI, a lo que Macri le aclaró que el problema era técnico. La carta orgánica del FMI le prohibía explícitamente utilizar los dólares de los créditos del organismo para atender corridas cambiarias. Concretamente se refería al artículo IV del Acta Constitutiva del organismo cuyo primer párrafo dispone que “ningún miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital”. Aclaraba Macri que el carcelero del artículo no era la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, sino su número dos, David Lipton. Según las versiones que circularon por Buenos Aires, el presidente norteamericano enfureció contra el FMI y “su burocracia”. Y le ordenó a su secretario del Tesoro que se comprometiera con la causa argentina.

El encargado de explicarle la situación a Steve Mnuchin fue el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, quien, sin vueltas, reclamó por la liberación de esa molesta cláusula restrictiva. Según la versión oficial, quedó claro que de esa conversación internacional la conclusión fue que si no se liberaban los dólares del stand by para ejecutar política cambiaria (venta de dólares para contener corridas), Christine Lagarde y David Lipton serían los responsables de la caída del Gobierno de Mauricio Macri y “tendrán que ir a defender el artículo IV a alguna universidad”. Mnuchin cumplió su palabra y ese mismo fin de semana habló personalmente con Lipton, el carcelero del artículo IV y quien se negaba a aprobar el relamo argentino. Lipton no aceptó la alternativa, pero eligió dar un paso al costado y que sea personalmente Lagarde la que asumiera la responsabilidad ante el board del organismo, para el caso en que la ayuda no rindiera resultados y el programa stand by concluya en malos términos. Sólo con esta actitud Argentina pudo obtener la aprobación definitiva para que se liberaran los dólares del stand by.

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