Quizá la rueda del lunes, o alguna otra de la semana anterior, hubiera encajado mucho mejorpara que la estadística recogiera la singular fecha de ayer -con el «666»- como un día «del demonio» invadiendo los mercados.
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En verdad, se trató de una de esas fechas que en los escarceos bélicos se suele denominar como: de tensa calma. Porque la calma quedó reflejada en las marcas finales del Merval y sus parientes -Dow y Bovespa-, pero la tensión estaba flotando por el ambiente. Que en un momento resultó mucho mayor, oportunidad donde el índice estaba a punto de volver a perforar los «1.600» puntos -tocando 1.604 de mínima- que se remontó hasta máximo de «1.650» puntos y un cierre algo inferior, de «1.645».
La diferencia porcentual quedó alineada con los colegas del exterior, la trilogía decayendo en torno de un muy soportable 0,5% tan sólo. Y, lo singular, es que nuevamente se careció de apoyatura de parte de la acción «madre»: Tenaris. La siderúrgica hizo mucho más por la baja que por el rebote, quedando con merma de 1,5% -unas cinco veces peor que el Merval- y se debió pilotear la rueda con muy buenas gestiones en Acíndar-Bansud-Galicia, un conjunto positivo emparejando la defección de la mayor.
En lo que hace a volumen negociado, siguió siendo lo más estable, otra vez en zona de $ 48 millones y, en esto sí, una participación importante de parte de Tenaris, con 350.000 títulos. Juzgándolo benignamente, desde el ángulo optimista, quedó una mesa tendida -aquí y afuera-como para que se pueda servir algún nuevo repunte. La meseta de ayer resultó un punto de partida, aunque persista la duda razonable de que un repunte dure lo suficiente. Y nadie lo firma.
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