Si nos venimos quejando por la falta de noticias gravitantes, ayer las tuvimos en cantidad y de todos los colores. Apenas amanecía de Oriente llegaba el anuncio que finalmente China "desenganchaba" el yuan del dólar, para vincularlo a una canasta de monedas. Como es de suponer, la noticia derribó al dólar y los bonos del Tesoro (los chinos ya no los utilizarían como única moneda "de reserva") e impulsó la cotización de las acciones norteamericanas (bajo la premisa de que un dólar más bajo significa mayores exportaciones y ganancias). Poco después, del otro lado del planeta llegaba la noticia de cuatro nuevos atentados terroristas en Londres que si bien hizo trepidar al "premercado", fue rápidamente dejada de lado al conocerse que los pedidos de seguro de desempleo eran inferiores a lo previsto. Para cuando sonaba la campana de largada, los buenos números de los balances de Coca-Cola, SBC Communicatios, UPS, McDonald's, Caterpillar, etc, (28 de los 30 integrantes del S&P que difundieron balances superaron las previsiones), la baja del petróleo (cerró en u$s 57,13 el barril) y un Alan Greenspan que repetía textualmente sus dichos del día anterior ante la Cámara Alta, hacían prever la que podría ser una de las mejores ruedas de la semana, lo que era ratificado con la suba de 3,5 puntos en el futuro del S&P y 1,5 puntos en el futuro del NASDAQ. Sin embargo, para cuando sonaba la campana el Dow retrocedía 0,57% a 10.627,77 puntos. Explicaciones tenemos muchas, pero lo importante es que se perdió lo que podría haber sido una rueda más que brillante del año (Microsoft y Google nos regalaban otros balances extraordinarios).
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