«Ahora la preocupación es para los carpinteros y los plomeros norteamericanos. No para nosotros.» Así, con suficiencia, un alto funcionario cercano a Néstor Kirchner daba su particular explicación sobre la posición del gobierno frente la crisis de los mercados. La convicción interna es que la tormenta financiera no afectará seriamente al país y tampoco a las empresas locales.
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La frase que alude a «carpinteros y plomeros» surge de los dichos que en 2002 había pronunciado el entonces secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Paul O'Neill, que tras un pedido de ayuda de los funcionarios argentinos había señalado que no quería «malgastar el dinero de los carpinteros y los plomeros de EE.UU. en el rescate de un país que no tuviese un programa económico sustentable».
La idea del gobierno es que las mayores consecuencias negativas se concentrarán en el mercado bursátil, que las bajas en los bonos serán temporarias y que pasada la crisis, la Argentina será uno de los países en los que más rápidamente se percibirá una recuperación. De todas maneras, aseguran que la economía real mostrará resultados lo suficientemente positivos como para despejar dudas.
La impresión que tiene el gobierno es que los indicadores muestran que el país está lejos de una recesión. Hay un dato económico que el Ejecutivo se reserva para lanzar cerca de las elecciones del 28 de octubre: el PBI crecerá más de 8%, según proyecciones oficiales.
Metas fiscales
Debería servir esto también para despejar las dudas sobre el cumplimiento de las metas fiscales que figurarán en el Presupuesto 2008, y que incluyen un ahorro fiscal de 3% del PBI.
Tampoco considera el gobierno que la crisis derive en problemas para el comercio exterior, aunque el crecimiento mundial sea menor. Los mercados importantes hoy para las exportaciones locales son Brasil, México, China, Sudamérica en general y el norte de Africa, todos destinos que en teoría no deberían verse afectados seriamente.
Mientras tanto, y ante cada día de fuerte crisis, la posición pública del gobierno es hablar de lo sólida que está la economía argentina, de lo lejos que se está de sufrir consecuencias reales importantes, de lo necesario que es que los gobiernos intervengan en los mercados a través de sus bancos centrales y, cada tanto, remarcar que la crisis se genera ahora en el Primer Mundo y que son los países en desarrollo los que mejores armas tienen para defenderse sanamente.
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