La ecuación que generó la crisis: el rebote económico que no sirvió para mejorar el poder adquisitivo salarial

Economía

El ministro de Economía se transformó en el epicentro de una serie de versiones. La disputa por el gasto público y el reflejo presupuestario de la negociación con el FMI.

Entre los muchos desafíos económicos que enfrenta la Argentina, hay uno en particular que hasta hace algún tiempo resultaba inesperado: si bien el rebote económico llegó incluso con la contundencia que se esperaba (la economía crece a casi el 8% anual), ese rebote, debido a la relevante profundización de la desigualdad durante los últimos 6 años, no llega a los sectores de menores recursos, incluido, novedad, gran parte de los trabajadores formales cuyo salario se determina en negociaciones paritarias. La previa asusta: durante la Presidencia de Macri (2015-2019) la economía se redujo 3,9%, mientras que la pandemia le sumó en 2020 una retracción de 9,9%, es decir que la sumatoria de esos 5 años arroja un retroceso de 13,4%.

Diversas cuestiones entre las que se encuentran la puja distributiva cuyo emergente inmediato es la inflación y la enorme erosión del poder adquisitivo del salario (heredada de la gestión macrista y profundizada por la pandemia) parecen ser las variables que hay que seguir. La foto de la economía tal como la conocemos hoy presenta interrogantes acuciantes.

En una economía que crece, los “motores que funcionan” desagregados están conducidos en primer lugar por la inversión, acompañada de mejoras en las exportaciones, pero con un estancamiento del consumo privado y también público. Es decir, el PBI se mueve gracias a la inversión de sectores que no son intensivos en empleo y que, por ende, no pueden transformar rápidamente esas mejoras en consumo. Casi como si se hubiera roto la cadena de transmisión de la economía.

Por supuesto que la macroeconomía y la micro son harto más complejas y que hay infinidad de lecturas y aproximaciones que hacer. Pero sirva como ejemplo de lo que falla en el encuadre principal, sobre todo, para entender que, si hubo un electorado que buscó frenar al ajuste que sufría el bolsillo allá por 2019, ese ajuste no frenó en ningún momento durante los últimos dos años, y por supuesto, no hubo vade retro bajo la consigna de “tranquilizar la economía”. Para ponerlo en números, según la consultora PxQ, el salario real promedio, mes de septiembre, se ubica 25% por debajo de 2015, y nunca detuvo su caída, si bien la caída fue de 4% desde fines de 2019, pero para los salarios informales, en términos reales, la caída de 2021 fue estrepitosa, casi de 10 puntos.

Frente financiero

Al margen, dos hechos, o quizás tres, parecen haber tenido cierta influencia en el desenlace de lo que se ha visto en las últimas horas. La presentación de la renuncia de varios funcionarios del gabinete del presidente Alberto Fernández no sólo debe ser leída como la reacción protocolar de lógica política a los resultados de la PASO, sino también como una señal hacia adentro del Frente de Todos y, por supuesto, como un tiro por elevación a los funcionarios y sus políticas que, en opinión del kirchnerismo, “no funcionan”. No por casualidad, se trata de funcionarios asociados por historia o familiaridad con la actual vicepresidenta Cristina de Kirchner los que han presentado su renuncia.

Al margen de las lecturas lineales que caben y que son infinitas, existe la chance de poner la lupa sobre la jornada de ayer, en especial si esa mirada acompaña al ministro Guzmán. Sabido es que existe una distancia importante entre lo que el ministro considera prioritario y lo que desde algún sector del Gobierno cercano a la vicepresidenta le han marcado como “urgente” en el contexto electoral.

Guzmán ha realizado grandes progresos en materia financiera, ha logrado habilitar el mercado de deuda en pesos para fondear una parte de los gastos, ha renegociado la deuda con los acreedores privados, y se dispone a cerrar en algún tiempo un nuevo acuerdo con el FMI. Nada parece haber contra su desempeño en la interlocución con el organismo. A eso hay que sumar la elaboración del proyecto de Ley de Presupuesto. Pero desde hace meses se le viene reclamando, entre muchas cosas, mayor gestión económica y productiva en el territorio, políticas que impacten en la rápida creación de puestos de trabajo, recuperación del poder adquisitivo del salario y generación de consumo puesta al servicio de los sectores más dañados por la pandemia.

Por supuesto, todo eso tiene un correlato en la mayor utilización o no, de los recursos públicos. Se le hizo llegar un mensaje: que un recorte en el gasto podía poner en tensión a una parte de la sociedad que no veía mejoras concretas. Este habría sido uno de los gérmenes del conflicto de las últimas horas. Economía decidió avanzar en la presentación sin el aval de un sector del Gobierno que pretendía algunas modificaciones tendientes a demostrar mayor flexibilidad en el gasto. Parte de esta pulseada fiscalista habría quedado salvada, toda vez que Cristina Fernández y Guzmán habrían llegado a alguna especie de acuerdo en las últimas horas del día de ayer, lo que anoche auguraba la presentación del Presupuesto.

La economía real

Huelga decir que ayer el presidente Alberto Fernández había encabezado el acto de presentación del proyecto de Ley de Hidrocarburos junto al ministro Guzmán y el secretario Darío Martínez. En este marco, el jefe de Estado ofreció dos aseveraciones que, según sostienen las fuentes consultadas, llamaron poderosamente la atención y habrían irritado a un sector del kirchnerismo: por un lado, confirmó que el Gobierno presentaba por la tarde el proyecto de Presupuesto 2022 (sin cambios) y, por otro, el mandatario señaló que “la realidad nos exige seguir adelante con el FMI”, en clara alusión a los límites que impone e impondrá el acuerdo gestado con el organismo, justo cuando se discute puertas adentro en el Frente de Todos hasta qué punto habrá que asumir esos sacrificios en lo inmediato.

La reacción no se hizo esperar. El primero en hacer pública su renuncia fue el ministro Wado de Pedro, quien horas antes había subido a las redes sociales una frase del expresidente Néstor Kirchner que, con el correr de las horas, tomó mayor dimensión: “No se queden esperando un milagro”, decía la frase de Kirchner. También, horas antes, el propio De Pedro había señalado ante poderosos empresarios en un zoom que no podía avalarse la postura de Guzmán de acompañar al FMI con una posición flexible que pudiese comprometer los recursos necesarios para la reconstrucción económica.

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