Graciosas derivaciones en el Presupuesto 2005
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José María Díaz Bancalari
• Otra carga de pólvora que cobija el Presupuesto: esta semana está previsto que los empleados públicos vuelvan a cobrar sus salarios. Y una vez más aparecerá el clásico chisporroteo entre el Ministerio de Economía y la SIDE por el descuento de 13% que aplicó Fernando de la Rúa para todos los agentes el Estado. Con la llegada de Angel Sormani, el contador del corazón de Eduardo Duhalde, al reducto de los espías, se comenzó a descontar también 13% sobre los adicionales que reciben, según un escalafón más o menos arbitrario, los funcionarios de Inteligencia. Ese suplemento, en muchos casos igual al sueldo, es una facultad discrecional del secretario de Inteligencia de turno. Aquel recorte dispuesto en julio de 2000 estuvo vigente hasta el 1 de enero de 2003, en que todos los empleados de la administración volvieron a percibir 100% de sus haberes. Al personal retirado también se le reconoció en bonos todo lo que se había descontado desde julio de 2000. Es decir, se siguió el criterio adoptado para todos los empleados del Estado nacional. El problema se planteó, y sigue vigente originando nuevos roces entre Francisco Larcher y Lavagna, con los empleados activos, que si bien cobraron íntegro su salario desde enero del año pasado, nunca acreditaron la reposición de lo descontado anteriormente. Las curiosidades son varias.
• Si se observa el comportamiento presupuestario del año 2000, mientras se disponía el recorte de salarios aumentaba en la contabilidad el rubro «gastos en personal». Aquel ejercicio comenzó con $ 138 millones y terminó con $ 160 millones.
• En esta evidencia se basa Economía para negarse a reponer el recorte realizado entre julio de 2000 y enero de 2003. Los funcionarios de Lavagna aducen, con lógica: «Si nunca fue realizado el recorte, ¿para qué debemos reponer el dinero? Si el Presupuesto fue siempre el mismo y no lo ajustaron, es un problema de ellos».
• La SIDE actual, de cuya contabilidad se encarga la «cristinista» Sonia Fornacero, aduce que el dinero no alcanza ahora para efectuar aquella compensación, debido a una quita presupuestaria que no hizo el duhaldismo.
• Cuando se observan el Presupuesto actual y el previsto para 2005 se aprecia que los gastos en personal son exactamente los mismos y que las partidas para la SIDE, en general, no aumentaron. Esto quiere decir que el argumento de que no alcanza la plata se extenderá al año próximo.
• En este punto aparece la arista más graciosa del problema: tiene que ver con la intención de Economía de pagar con bonos la deuda con los empleados, haciendo la vista gorda con el hecho de que nunca se redujo la partida salarial del organismo. «Los espías no pueden recibir bonos a su nombre», contestó uno de los expertos de Larcher (a propósito del secretario, algún amigo suyo de la Casa Rosada está preocupado por los kilos que aumentó). «¿Y cómo a los jubilados se les pagó con bonos?», respondió desprevenido un funcionario de Hacienda. «Es que al retirarse, la caja de jubilaciones de la Policía 'blanquea' el nombre del agente que hasta ese momento cobró su sueldo con un 'nom de guerre'. Si se les pagaran los bonos a los activos, estaríamos entregando la nómina de todos nuestros agentes secretos», razonó el mismo colaborador de Larcher, escrupuloso con el secreto. Conclusión: ahora los ingenieros presupuestarios de Economía están detrás de algún instrumento (¿otro fideicomiso?) por el cual puedan convivir el reintegro salarial y la discreción del espionaje.




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