Estamos ante uno de esos momentos que marcan un hito en la Historia. Quienes tienen la responsabilidad de guiar equipos de trabajo o a organizaciones enteras deben ser conscientes de esto, y actuar en consecuencia en todos los ámbitos que hacen a su labor.
Guía de supervivencia para líderes en crisis
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¿Cuáles son esos ámbitos? Básicamente, podemos distinguir cuatro: la comunidad donde viven, la organización que lideran, a las personas que componen sus equipos y, por último, pero no menos importante, a ellos mismos y a su familia.
En lo que respecta a su comunidad, la responsabilidad de los líderes es identificar a los más vulnerables y poner su organización, aún en un momento de tanta incertidumbre, al servicio de la supervivencia del conjunto.
En lo que respecta a las organizaciones, las crisis son momentos clave para la transformación de la cultura organizacional, es decir, aquellas reglas no escritas sobre cómo la empresa se comporta y que son definidas por cómo se actúa en ella.
No importa si los equipos están físicamente alejados, lo que se percibe al interior de cualquier organización hoy es cómo se definen las prioridades y los valores, y qué es lo importante en la compañía.
Este es el momento para que los líderes generen compromiso (engagement), adecuando los mensajes que transmiten al discurso que la compañía presenta sobre sí misma. Éste es el momento en el cual se va a ver si eso es sólo enunciado o realidad.
El éxito consiste en que un empleado sea consciente de cuáles son los valores que promueve la organización de la que forma parte. Eso es generar cultura organizacional.
En lo que respecta a las personas que conforman el equipo, el líder debe tener la humildad para saber que no va a tener la respuesta para todo, para aprender a manejar la ansiedad y confiar en las personas que tienen a su cargo. Y, sobre todo, a comunicar transparentemente qué es lo que sabe y qué no. Es un momento para aprender, para ser flexible y adecuarse, y esa capacidad puede venir de todos y cada uno de los empleados.
Hay que poner a la gente en el centro, saber cómo se siente cada uno es fundamental para el líder, hoy más que nunca.
Antes, las conversaciones laborales eran, más que nada, “transaccionales”, referidas al quehacer diario. Pero ahora se les agrega un factor emocional, de acercar humanamente a la gente. Son emotivas más que transaccionales. Un líder debe tener esto en cuenta, pudiendo equilibrar ambas funciones de la conversación. El preguntar y el escuchar se hacen claves de la conversación necesaria.
La clave es que la comunicación sea muy transparente, transmitiendo calma pero, a la vez, asumiendo la vulnerabilidad de que hay muchas cosas que no se saben. Para ello, es necesario desarrollar planes de contingencia y comunicarlos, de manera que los empleados estén calmados, sabiendo qué esperar si las cosas no se desenvuelven como se las imaginaba.
Es importante también que el líder cree un “puente de accesibilidad” de diálogo con los miembros de su equipo. Los empleados deben saber que quien los lidera está accesible a cualquier pregunta, o cualquier tipo de información adicional que se requiera.
Llegamos, al fin, a lo que le corresponde al líder en cuanto persona. En este marco, se vuelve indispensable manejar el stress que genera este proceso de incertidumbre y cambio. Los líderes deben atender su propio stress definir un plan para manejarlo positivamente.
Esto se logra teniendo un alto nivel de auto conocimiento, que permita saber cuáles son las actividades que proporcionan energía, las que “lo que los vuelve a su centro” y cuándo necesita este tipo de alimento espiritual.
Deben tenerlo siempre a un nivel consciente, hacer estas cosas para evitar que se desate el stress, encontrando un balance que evite perder energía.
Esto les permitirá empoderarse para tener clara su responsabilidad y saber qué puede hacer ante esta situación, sabiendo que no es momento de hacer cosas extraordinarias, sino de alcanzar los pequeños logros que permiten avanzar.
Los líderes que realmente pueden hacerlo son los que pueden sobreponerse a las crisis y crecer en este tiempo.
(*) Consultor Spencer Stuart


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