Habló Miceli ante empresarios (hasta respondió preguntas)
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Demasiada prevención desde el oficialismo frente a una audiencia mansa que hasta aplaudió una alocución sin novedades, exigua de números -poco respetuosa para tantos empresarios- y con tan poca información que bien pudo haber sido publicada el año pasado. Casi una propaganda sobre el superávit -aunque jamás explican cómo lo han logrado-, el desendeudamiento y los horrores de la década de los '90 al tiempo que llegan al orgasmo porque alcanzan, en algunos ítems, los récords de esa década. Podría haber interesado, en cambio, el núcleo de preguntas que hicieron los asistentes, aunque ninguna atacaba con el bolsillo a una señora que respondía con el corazón.
Comentó que saldrá de nuevo a los mercados con bonos, que seguirán renegociando con el Club de París y no satisfizo las inquietudes sobre el disgustode las nuevas medidas laborales que pesan sobre el empresariado. Tal vez, con intercambios como el de ayer en el Alvear, luego pueda entender sobre tercerizaciones, riesgos de trabajo, encuadramientos, etc. Después cerró con un halago a su propia política de precios, al menos a lo que representa como mecanismo para frenar expectativas.
Sonrió al final, hizo un brindis largo, más bien pareció satisfacción y remanso por haber atravesado lo que ella creía era un examen y, en verdad, era un simple almuerzo con una mayoría de hombres que jamás había pensado en agredirla.
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