Un poco más de volumen y un mercado del que apenas podemos afirmar que se dedicó a "hacer la plancha". Tal vez no cerremos el año con la marca máxima, pero seguramente muchos se preguntan hasta qué punto vale la pena asumir el riesgo de "moverse" cuando podemos quedar apenas a pocos puntos del mejor momento de los últimos años. Si se quiere, se puede aducir que la segunda recuperación consecutiva del precio del petróleo, tras el brutal desplome del lunes, tuvo algo que ver con la indiferencia de los inversores, pero nadie con alguna experiencia en el mercado lo aceptaría como argumento a esta altura del año. Tal vez, los atentados terroristas en Riyadh contribuyeron algo haciendo recordar que la situación en Medio Oriente sigue pareciéndose mucho a la de un polvorín rodeado de un incendio, pero peores cosas hemos visto últimamente que no han movido un pelo al mercado. Algo parecido podemos decir del dato macro del día (venta de nuevas casas) que se circunscribió de manera llamativa a las empresas involucradas. Lo peor entre las Blue Chips le tocó a Boeing, que sufrió el castigo de sus accionistas tras anunciarse que China no aprobará una orden de compra de aeronaves de ese origen. En otro orden de cosas, si bien el oro cedió terreno y el dólar se fortaleció ligeramente, la suba del costo de los treasuries terminó neutralizando lo que podríamos llamar el efecto benéfico de los datos anteriores. Si algo parece reflejar 0,23% que cedió el Promedio Industrial al cerrar en 10.829,19 puntos, o 0,01 que bajó el NASDAQ, es que hay más ganas de descorchar y de festejar un mediocre año bursátil, que tomar posiciones de riesgo.
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