Enrique Iglesias ingresó ayer, al aceptar la Gran Cruz de la Orden del Libertador General San Martín, en un selecto y curioso grupo de condecorados por la Argentina, donde figuran personalidades como Francisco Franco, Licio Gelli (de la P2 italiana, que recibió la distinción de manos de Juan Domingo Perón), David Mulford (al que se le agradecieron sus gestiones para que la Argentina no cayera en default), David Rockefeller (durante una visita en el gobierno de Jorge Rafael Videla), Vaclav Havel, Julio María Sanguinetti, Fernando Henrique Cardoso y Anastasio Somoza (en la primera presidencia de Perón).
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La distinción es la más alta que puede otorgar el gobierno argentino y se la destina sólo a aquellos jefes de Estado o personalidades a las que el país les debe un servicio especialmente importante. En el caso del presidente del BID, la justificación es que hace un año (y mientras la Argentina era defenestrada en los mercados internacionales), Iglesias decidió otorgar un préstamo por más de 200 millones de dólares en mayo de 2002 para que Duhalde pudiera girarle a su mujer, Chiche, fondos para financiar los planes Jefas y Jefes de Hogar, con lo que gobernó hasta la primera vuelta electoral. Iglesias, con la distinción, está ahora a la altura de jefes de Estado y personalidades varias que también recibieron el agradecimiento de los presidentes argentinos. Entre los primeros, a los que se les otorga el Collar de la Orden del Libertador, figuran también el mexicano Ernesto Zedillo, los uruguayos Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle, el checo Vaclav Havel, los chilenos Eduardo Frei y Patricio Aylwin y el brasileño Fernando Henrique Cardoso. También tuvo su Orden Augusto Pinochet durante el gobierno de Carlos Menem.
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