Ahora hay persecución a los bancos extranjeros: controlan sus compras de dólares. No es nuevo esto de Martín Redrado; ya lo hacía Domingo Cavallo y, como tutor del presidente del Banco Central, lo planteó Néstor Kirchner hace 40 días. El objetivo: no perder reservas.
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La crisis de los mercados tuvo una insólita derivación en la política cambiaria oficial. Hace sólo 45 días, la preocupación del gobierno pasaba por evitar la caída del dólar por debajo de los 3 pesos. La solución fue entonces presionar a los bancos para que no sólo dejen de vender divisas, sino que también colaboren con el Banco Central comprando en la plaza local. Ahora, la situación es la inversa, y con el dólar a $ 3,19 en casas de cambio, la presión se acentúa sobre las entidades que se lanzan a comprar. Ninguna puede pagar más de $ 3,20. O las llaman por teléfono.
Hay dos muestras de la nueva política, que, en realidad, repite el método aplicado por Guillermo Moreno para combatir el alza de los precios. En la primera, el 26 de julio, en pleno derrumbe de los bonos argentinos, Néstor Kirchner embistió contra los fondos Alliance y Dresdner. La segunda fue la difusión el domingo último de la lista de bancos extranjeros que compraron dólares en plena crisis.
Curiosamente, para esas entidades, si hay una variable que no se puede disparar es precisamente el dólar. Es decir que coinciden con el objetivo oficial. Tasas hacia arriba o caída en bonos y acciones pueden ocurrir y de hecho siguen ocurriendo. Pero entonces, ¿por qué compran? Simplemente, porque la tasa implícita en las operaciones a futuro está muy elevada, en torno a 20% anual. Lo que hacen es: comprar dólares y, simultáneamente, venderlos a fin de setiembre u octubre con esa nada despreciable utilidad. No se quedan apostando a que se disparará el dólar por encima de $ 3,20.
¿Por qué no informan en sus posiciones que tienen operaciones vendidas a futuro? Porque gran parte de ellas se hace en Wall Street en las más líquidas operaciones de «NDF» (siglas en inglés de ese mercado a futuro) y las contabilizan las mismas entidades, pero en sus sedes de Nueva York. Está claro que las entidades extranjeras no hacen beneficencia, pero comprando y vendiendo a futuro simultáneamente hacen bajar esa tasa implícita, hoy en 20%, pero que llegó a 25%.
Como fondo, hay otra puja en danza: la de los rendimientos de las Lebac. Están ofreciendo una tasa a un año de 15% en pesos, que, si se mantiene en esos altos niveles, trasladaría ese mayor costo a los créditos al consumo. De un lado sostienen que Martín Redrado debería recomprar las Lebac para que bajen las tasas. Pero ello implicaría inyectar más pesos y que el Banco Central no cumpla con su propio Programa Monetario, que fija límites a los pesos en circulación y depósitos a la vista. ¿Qué es más importante, las tasas o el cumplimiento de esas metas? Sobre ello se mueven los intereses en juego.
En paralelo, el pequeño ahorrista lentamente se estuvo dolarizando más por memoria que por expectativas de que la divisa trepe por encima de los $ 3,20. Casi como el reflejo de Pavlov. La vigilancia por ahora no llega sobre las compras de divisas que efectúan. Pero marca, en definitiva, que lo que mueve las decisiones de dolarizarse pasa por derrumbes de precios de bonos y acciones y por embestidas al estilo Cavallo contra fondos del exterior. Eso podrá sumar votos -algo discutible también-, pero, en paralelo, alienta la búsqueda de un refugio en aquello que se percibe como lo más seguro.
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