El dato de pobreza e indigencia que difundió Roberto Lavagna ayer sorprendió, no por el resultado sino por el origen y la fórmula utilizada para llegar a esas conclusiones.
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Habitualmente, es el INDEC el que difunde esa información; pero gradualmente está creciendo, y no sólo en el Ministerio de Economía, la moda de publicar estimaciones propias en cada repartición, la mayoría de ellas con poco sustento técnico.
De esta manera se estaría formando lentamente un «INDEC paralelo». Dado que el organismo -el original, claro- está integrado por profesionales que lograron resistir presiones de los diferentes ministros para mostrar una mejora en la economía, la alternativa pareciera ser la de difundir estimaciones propias.Y lógicamente antes de que lo haga el INDEC, para ganar espacio.
Puntualmente de la pobreza e indigencia, en el comunicado oficial Economía dice que se trata de una «compilación conjunta» de los datos del INDEC y del Ministerio de Trabajo. Lo curioso es que el INDEC aún no difundió esa información y recién lo hará en setiembre. Puede ser que Lavagna tenga razón y que sea cierto que bajó la pobreza e indigencia. Puede ser que los datos coincidan con la realidad, pero llama la atención la fórmula utilizada para obtener esa conclusión.
En realidad, no es la primera vez que sucede. Lavagna, a fines de diciembre, se anticipó 48 horas a los datos de desempleo del INDEC, que justo había cambiado la metodología de medición. Mostró el mejor número. El INDEC difundió luego los otros datos -con mayor desocupación- pero fue el día anterior a Navidad. Tuvo impacto cero. Lavagna había ganado. También el Ministerio de Trabajo mostró aumento del empleo en el primer trimestre, lo que luego, en los datos del INDEC, no ocurría. «La cuestión de fondo es que la baja de los índices ha sido en este ciclo económico mucho menos pronunciada que en ciclos anteriores», aseveró a este diario Juan Luis Bour. El economista agregó: «En el área de Gran Buenos Aires, donde tenemos series comparables, sabemos que la población pobre saltó a un máximo de 54% en 2002, para caer a 46% en el segundo semestre del año pasado y probablemente a un rango de 42%-44% en el primer semestre del año 2004. Esta caída de unos 10 o 12 puntos en dos años contrasta con la de 20 puntos observada a comienzos de la Convertibilidad». Esto ocurre porque precisamente el modelo del gobierno de tener un dólar alto implica, al mismo tiempo, salarios bajos, lo que impide que la pobreza disminuya rápidamente.
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