El gobierno entró ayer en un torbellino de negociaciones con el frente exterior. Además de la llegada de Lula, la presencia del enviado de Washington, John Maisto, pone sobre la mesa el destino de las relaciones con los EE.UU. De aquel país llega el mensaje de que están dispuestos a ayudar -hasta en los juicios de las privatizadas en tribunales del Banco Mundial-pero que la Argentina debe ser clara. Esto tiene un significado: la política militar de impedir acciones conjuntas por no dar inmunidades y la actitud ante las violaciones de los derechos humanos en Cuba. Dos temas frente a los cuales hay contradicciones que pueden ponerles un límite a los apoyos de Washington.
El comportamiento de Kirchner frente a la administración de los Estados Unidos ha puesto de nuevo en observación a su gobierno por parte de Washington. Con su decisión de no extender inmunidades a los soldados norteamericanos que participaran de la operación Aguila III, el Presidente abortó la realización de esos ejercicios conjuntos. La crisis comenzó a transcurrir cuando Kirchner llamó al presidente del bloque de diputados, José María Díaz Bancalari, para exigirle una rápida aprobación del ingreso de tropas extranjeras al territorio nacional. En ese momento se produjo este diálogo:
A partir de esta invitación, en el despacho de Fernández se reúnen Kirchner, Bielsa, Díaz Bancalari, José Pampuro. Discuten así:
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