Detrás de este brusco y corto freno en la demanda, y ayudados por un tipo de cambio que se apreció 5% desde sus máximos y por cotizaciones de los commodities que aflojaron en el últimomes, los precios de la economía moderaron fuertemente su trayectoria.
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Nuestro relevamiento, que en el mes de marzo y en medio del lock-out mostró una suba mayor a 3% (casi 40% anualizada) y en abril, producto del arrastre generado, se ubicó en torno a 2%, se redujo a un entorno de 1% en los meses de mayo y junio y 1,3% en julio.
La menor inflación de estos meses está contribuyendo a contener el alza que venían mostrando las expectativas inflacionarias. En agosto se habría observado una reversión de este comportamiento, y la inflación volvería a ubicarse por arriba de 1,5% mensual, en un contexto de mayor dinamismo en la evolución de la demanda agregada. En este caso, lejos del ritmo anualizado de la inflación del trimestre mayo-julio de alrededor de 16%, la vuelta de la tendencia a partir de agosto anunciaría un cierre de 22/ 25% hacia fines de año.
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