Con la escalada de las tensiones militares se hace muy difícil para los inversores tomar decisiones. Por eso lo preocupante no es ni la baja del Dow del viernes -cuando el índice perdió 0,82% al cerrar en 7.864,23 puntos- ni 2,35% que retrocedió en la semana, sino que durante la última jornada apenas se alcanzaron a realizar operaciones con 1.240 millones de papeles, tanto en el mercado tradicional como en el electrónico.
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Los que confían en que la guerra es aún bendición para las empresas norteamericanas y se apoyan en el hecho que del momento en que Irak invadió Kuwait (el 2 agosto de 1990), a los primeros bombardeos aliados (el 17 de enero de 1991) el S&P perdía cerca de 7%. A partir de ahí y en apenas 30 días el índice trepó casi 12% y se inició lo que conocemos como el mercado alcista más largo de la historia bursátil mundial.
El problema es que las cosas no son tan fáciles. En primer lugar y a pesar del impresionante desplome que han tenido las acciones en estos tres años, todavía se puede decir que «están caras». La medida más tradicional de valuación, la relación entre el precio de un papel y su ganancia por acción daba un valor de 15 unidades a principios de 1991, lo cual coincidía con la media histórica. Hoy nos movemos en un radio de 30. A esto debemos agregarle el hecho de que las cosas son mucho menos claras que en los '90. Por lo pronto, es notoria la falta de apoyo internacional contra Irak. A esto hay que sumarle la incertidumbre que genera la posibilidad de una larga campaña militar terrestre, el temor a que sea necesaria una larga ocupación una vez vencido el actual régimen, la posibilidad de nuevos ataques terroristas, el problema con Corea del Norte y los que surgirían con Irán.
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