Un insólito acuerdo implica una brutal transferencia de fondos del Estado a empresas privadas, y sin que esto se traduzca en beneficio alguno para los contribuyentes. Se trata de la eliminación del impuesto al champagne, aprobada el lunes por el presidente Néstor Kirchner. El acuerdo representará un beneficio neto de unos $ 150 millones a las empresas que elaboran los espumantes, las que como contraprestación se comprometieron a realizar inversiones por ese mismo monto. Está claro que las inversiones iban a hacerlas de todos modos, habida cuenta del crecimiento que está registrando la venta de espumantes en el país y las mayores exportaciones, por lo que no queda claro cuál es el beneficio para el Estado y/o para la población en general. Lo que sí está claro es que el champagne seguirá vendiéndose a los valores actuales, dado que en el « compromiso» no está prevista la transferencia a los consumidores (ni siquiera parcial) del monto que los bodegueros dejarán de aportar a las arcas públicas. En resumen: el Estado se priva de percibir $ 150 millones, los consumidores seguirán pagando el champagne al mismo precio (en el mejor de los casos) y los bodegueros engrosarán sus arcas en $ 150 millones. Poco serio, sin dudas. Con el mismo criterio y promesas sectoriales, el gobierno también podría eliminar las retenciones al agro y otros impuestos específicos. La gabela había sido creada por el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo.
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